Cantar de Mío Cid: resumen

Resumen del libro Cantar de Mío Cid
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Seguro que alguna vez has oído hablar del Cantar de Mío Cid, uno de los grandes clásicos de la literatura medieval. Escrita originalmente en castellano antiguo (pueden encontrarse versiones modernizadas del Cantar de Mío Cid), este cantar de gesta narra parte de la vida del Cid Campeador. Este hombre exisitió de verdad, aunque en el poema épico entre los hechos verídicos se incluyen otros inventados. En cualquier caso, el autor (o autores) anónimos se esforzó por mostrar el carácter humano del héroe.

Escribir un buen resumen del Cantar de Mío Cid puede resultar complejo, ya que es un poema muy extenso, en el que acontecen muchas batallas y en el que se presentan muchos personajes. No obstante, si sigues leyendo podrás al menos acercarte a la historia del Cid Campeador.

Resumen general del Cantar de Mío Cid

La historia comienza in media res, es decir, sin una introducción, preámbulo o prólogo que nos ponga en situación. El narrador directamente nos presenta al protagonista, Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid Campeador, que se dispone a desterrarse. La razón es que su señor, Alfonso VI, le ha echado del reino. El Cid se despide de su mujer y sus dos hijas y, acompañado de algunos de sus hombres, se dirige a tierras árabes para reconquistarlas. Su objetivo es entregárselas al rey y que, como agradecimiento, este le acepte de nuevo.

Durante el primer cantar se narran sus éxitos bélicos, que le traen honor, fama y riqueza. Todos los territorios que, poco a poco, va recuperando se los entrega al rey. Este termina perdonándole y permitiendo que su familia se reúna con él en Valencia, el último lugar conquistado por El Cid. Es más, le ofrece que sus hijas se casen con los infantes de Carrión, miembros de la nobleza castellana. El protagonista duda sobre si esto es una buena idea, pero no le queda otra opción que aceptar. El segundo cantar pues se centra en la celebración de las dos bodas.

El tercer cantar trata la deshonra que sufre el Cid por parte de sus yernos, los infantes de Carrión. Ambos son cobardes, mezquinos e hipócritas, lo que les hace ser objeto de burla. Enfadados por ello, deciden vengarse maltratando y abandonando a las hijas del Cid. El héroe, lleno de ira, acude al rey y le responsabilidad de aplicar justicia a lo ocurrido. En consecuencia, se convocan las Cortes de Toledo, donde los infantes de Carrión son amedentrados y derrotados por los guerreros del Cid.

Al final de la obra, el Cid y su familia vuelven a Valencia victoriosos, donde además sus hijas vuelven a casarse, pero esta vez con miembros de la realeza.

 

 

Resumen por cantares del Mío Cid

El Cantar de Mío Cid es una obra versificada pero sin estrofas. Esto quiere decir que los versos se suceden uno detrás de otro, divididos solo por tiradas. Las tiradas sin embargo no tiene por qué marcar que termina un capítulo y comienza otro, simplemente que la rima cambia. Por lo tanto, la única división que nos sirve para hacer un resumen más detallado de este libro es la de los cantares.

Aunque el título de la obra, Cantar de Mío Cid, nos puede hacer pensar en que solo hay un cantar, en realidad hay tres. Cada uno de ellos se centra en una gesta concreta. Esto es lo que ocurre en cada uno de ellos.

¿Qué ocurre en el Cantar Primero del Mío Cid?

El Cantar del Destierro es el primero de la obra y, como su nombre indica, narra los episodios heroicos y legendarios que le ocurre al Cid durante su destierro.

Camino al destierro

Comienza pues la historia con la despedida del Cid Campeador (Rodrigo Díaz de Vivar) de su familia y de la que había sido su casa. La razón es que el rey de Castilla Alfonso VI ha decidido echarlo del reino. ¿Cómo se ha llegado a ese punto? El narrador nos pone en situación contándonos lo acontecido.

El Cid es enviado por Alfonso VI a interceder en la guerra entre el rey de Granada y el de Sevilla, con el objetivo concreto de proteger a este último. Aunque al principio no puede evitar que las tropas granadinas ocupen Sevilla, el Cid termina ganando y echando a los invasores. Esto le hace ganar la fama de «el Campeador» (que significa «batallador»). Cuando regresa a Castilla victorioso y lleno de regalos del rey de Sevilla, Alfonso VI lo recibe feliz y orgulloso. Esta actitud genera envidias entre sus enemigos de la corte, que se las apañan para enfrentar al rey con el Cid y conseguir su destierro.

Primeras gestas

Enterado (y apenado) de la noticia, el Cid reúne a sus guerreros y les pregunta quiénes le seguirán al destierro. Su primo-hermano y gran amigo Álvar Fáñez confirma que todos lo harán, ayudándole a recobrar el aprecio y el beneplácito reales. Acordado esto, salen de Vivar para iniciar el destierro. No obstante, los primeros tramos del camino (aún en el reino de Castilla) son complicados, ya que el monarca ha ordenado que nadie ayude al Cid ni le preste alojamiento.

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Por suerte, el Cid cuenta con la ayuda de uno de sus vasallos. Con él acuerda engañar a dos judíos otorgándoles dos arcas llenas de arena (en las que dirán que en realidad hay joyas y demás riquezas) a cambio de un préstamos. El embuste es un éxito y el Cid consigue seiscientos marcos con los que se dirige a Cerdeña, allí se encuentra con su mujer (Jimena) y sus dos hijas. Se despide de ellas y les da el dinero para que se mantengan.

Las conquistas y victorias del Cid

Tras abandonar definitivamente Castilla, el Cid pone rumbo a tierras árabes. Allí diseña una estrategia para asaltar, en primer lugar, Castejón, Hita, Guadalajara y Alcalá. Gracias a su táctica, logran reconquistar los territorios, aunque se marchan antes de que llegue el rey para no tener que verse con él.

Su próximo destino son las tierras de Zaragoza. Cuando los habitantes árabes se enteran de que el Cid está en los alrededores, temen la batalla y deciden pagarle las parias (un impuesto). Sin embargo, no se rinden, que es lo que buscaba el héroe y la razón por la que decide atacarlos. Para ello, hurde un nuevo ardid de guerra y juega al engaño con ellos, tendiéndoles una emboscada y entrando así en la ciudad.

La fama del Cid está llegando al resto de territorios árabes, que temen su destino. Como respuesta, el rey de Valencia envía a más de tres mil de sus hombres, que logran asediar a las tropas del Cid y tenerlas sin agua durante tres días. El Campeador convoca pues un consejo dentro de su campamento y, junto a sus vasallos, decide batallar. La lucha resulta bastante cruenta y algunos de los guerreros del Cid casi caen, pero finalmente derrotan a sus enemigos y salen victoriosos. Esta vez, en contraposición con las anteriores contiendas, nuestro héroe decide hacer un regalo al rey, aunque cuando este le recibe se niega aún a perdonarle.

El camino hacia el perdón real

No obstante, el rey sí acepta que más castellanos se unan al Cid sin ser castigados por ello. En consecuencia, el Cid posee un ejército cada vez más grande, con el que va pasando por otras ciudades árabes, recaudando impuestos y reconquistándolas.

El Conde de Barcelona, que ya llevaba tiempo enemistado con el protagonista, se entera de lo que ocurre y decide declarar la guerra al Cid. Este trata de evitarlo, pero finalmente no le queda otra que luchar contra el ejército de árabes y cristianos enviado por el Conde. Sin embargo, la superioridad de las tropas del Cid es mayor y, como es obvio, terminan ganando y acumulando aún más dinero.

¿Qué ocurre en el Cantar Segundo del Mío Cid?

Durante este cantar ocurre una de las grandes gestas, por no decir la mayor, del Cid: la conquista de Valencia, territorio árabe por excelencia. Sin embargo, el nombre de este cantar (Bodas de las hijas del Cid), da nombre a otro episodio importante que ocurre algo más adelante.

La toma de Valencia

Este cantar empieza con un avance victorioso y temible del Cid hacia Valencia. A su paso, incluso cuando los árabes intentan atacarle y tomar ventaja, las tropas del Campeador arrasan, imponiendo su fuerza. Por fin, llega a Valencia y consigue asediarla, dejando sin comida a los árabes durante meses. A su llamada triunfante y segura ya de la victoria acuden otros cristianos a apoyarle. Los enemigos finalmente se rinden.

El Cid ha tomado Valencia y tanto él como sus súbditos son ahora ricos, por lo que decide enviar a uno de ellos ante el rey Alfonso VI, regalo en mano, y pedir que su mujer y sus hijas puedan salir de Castilla y reunirse con él. Cuando el rey se entera de las hazañas a través del mensajero, se muestra contento (pese a las envidias de otros) y accede a su petición. También se enteran de las noticias y las riquezas del Campeador los infantes de Carrión, dos nobles que empiezan a planear algo con el conde Garci Ordóñez, enemigo del Cid. Las tornas han cambiado, porque ahora los guerreros del Cid son más y a los que se les castigó por apoyar a un desterrado ahora se les recibe con lujos.

Reencuentro del Cid y su familia

Finalmente, el Cid recibe a su familia en Valencia y les muestra esa ciudad que le pertenece. Todo parece ir bien, pero el rey de Marruecos ha decidido ir a Valencia con su ejército y atacar un territorio que cree que le pertenece. El Cid ve esto como una oportunidad de demostrar una vez más su poderío y, además, delante de su esposa e hijas. Así lo hace, regalando parte de las riquezas conseguidas a Alfonso VI, al que también le hace llegar un mensaje claro: siempre ha sido y será su fiel seguidor. Cuando el monarca escucha esto, decide concederle el perdón y, a pesar de sus reticencias iniciales, ofrecerles a sus hijas las manos de los dos infantes de Carrión.

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El Cid y el rey se encuentran para sellar el perdón y el acuerdo de matrimonio. No obstante, y aunque sus hijas se muestran conformes con sus casamientos, el protagonista recela de las verdaderas intenciones de los infantes, aunque no le queda otra que aceptar porque es el rey quien se lo ha propuesto.

Al final de este cantar se celebran las bodas y se nos cuenta que los infantes y las hijas del Cid se quedan viviendo en Valencia.

¿Qué ocurre en el Cantar Tercero del Mío Cid?

El primer episodio del tercer cantar, también llamado Cantar de la afrenta de Corpes, pone el foco en la cobardía de los infantes de Carrión. Una noche, cuando el león que tenía el Cid se escapa, ellos dos huyen a esconderse mientras el resto de súbditos del Campeador se quedan para protegerlo. Cuando el león vuelve a la jaula, manso ante la presencia del héroe, los infantes son objetos de burla de todos menos de su suegro.

El rey Búcar de Marruecos avisa de que se dispone a reconquistar Valencia. Ante la noticia, los infantes vuelven a expresar su miedo mientras el Cid y sus tropas se preparan para la batalla.

Cuando se dirigen a pelear, uno de los infantes decide tomar la delantera para acabar con su mala fama, pero echa a correr con su caballo en cuanto se pone delante de un árabe. Por suerte, otro de los súbditos del Cid está allí para matar al enemigo y, además, decirle al infante que mienta y que cuente que ha sido cosa únicamente suya.

El rey Búcar es derrotado y con su caída el Cid consigue nuevas riquezas y reliquias, como la espada de Tizona.

La ofensa de los infantes de Carrión

A su regreso las hijas del Cid reciben a sus maridos como héroes, ya que esa es la versión que les han contado. No obstante, el resto de guerreros saben que eso no es así porque no los vieron en la batalla, por lo que las burlas no cesan. Enfadados y humillados, los infantes planean tomarla con sus mujeres como venganza. Para ello, primero piden permiso a su suegro para ir a Carrión con ellas.

Cuando el Cid acepta, ignorando la verdadera razón del viaje, sus hijas y sus maridos parten de Valencia, acompañadas eso sí por uno de sus primos, al que su padre ha enviado como parte del séquito. A mitad de camino, en Corpes,  los infantes deciden acampar, aunque piden a sus criados que sigan hacia delante, pues ellos quieren pasar a solas una noche con sus respectivas mujeres. Cuando el campamento se vacía, los infantes golpean y agreden a las hijas del Cid, dejándolas medio muertas y creyendo que así vengaban las humillaciones de los otros.

El primo que había dejado atrás el campamento con el resto de vasallos, sospecha que algo va mal y da la vuelta. Cuando encuentra a sus primas desmayadas consigue reanimarlas y llevarlas a un lugar seguro. El Cid se entera de lo ocurrido y manda un mensaje al rey pidiéndole justicia y reparaciones. El monarca acepta convocando las cortes de Toledo, donde deberán presentarse los infantes de Carrión.

Las Cortes de Toledo

En un principio los infantes tratan de evitar ir a las cortes, pero no les queda otro remedio. Durante el juicio civil, el Cid pide que estos le devuelvan todo, tanto los regalos que les ha hecho como el ajuar de sus hijas, dejando a sus ya yernos sin nada.

Sin embargo, aún queda el juicio militar, en el que el Cid enumera todas las deshonras de los infantes. A su defensa salen algunas personas, la mayoría enemigas del Campeador y todo termina en un cruce de retos. El rey Alfonso VI concluye que la única manera de resolver el conflicto es que, aquellos que se han retado, se enfrenten dentro de tres semanas en Carrión. Según ocurre esto llega un mensaje en el que los infantes de Navarra y Aragón solicitan la mano de las hijas del Cid, petición que es aceptada.

Pasadas las tres semanas, se producen las batallas acordadas en Carrión. Como era de esperar, tanto los infantes como sus defensores son vencidos.

El Cid regresa a Valencia, donde se siente la victoria y donde además se están preparando las segundas nupcias de las hijas del Cid. Con estos matrimonios el Campeador pasa a formar parte de la familia real de España.

Por qué es interesante leer el Cantar de Mío Cid

No vamos engañarnos, la lectura del Cantar de Mío Cid resulta ardua. Las largas descripciones, el vocabulario medieval (incluso en versiones adaptadas al castellano actual puede ser difícil de entender), las muchas batallas, la lejanía temporal de los hechos narrados… Hacen que algunos lectores no puedan acabar la obra al primer intento. No obstante, cuando se consigue, esta epopeya versificada resulta de gran interés para el público.

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Para empezar, hay que comprender que, como cualquier otro cantar de gesta, se escribió para ser recitado, no para ser leído. Pensemos que los juglares, quienes contaban estas historias, hacían mucho más que leer en alto; también «actuaban» a través de la voz y los gestos. Si entendemos el Cantar de Mío Cid así descubriremos que es una narración emocionante, como cualquier otra obra épica. Además, en su momento, cuando fue creada, conectaba mucho mejor con un público que conocía la leyenda del Cid.

La humanización del héroe

A pesar del paso del tiempo, el mito del héroe no ha muerto ni se ha olvidado, algo que hay que agradecer a la obra cuyo resumen acabas de leer. El Cid fue un personaje histórico cuya vida dio tanto de sí que se le dedicó esta obra en verso. A pesar de que podría haberse «idealizado» mucho más la historia, en el Cantar de Mío Cid hay espacio para humanizar al hombre y no solo contar las hazañas del héroe.

Esto no solía ocurrir en el resto de poemas épicos, por lo que es interesante ver cómo el autor de este, sea quien fuese, logró equilibrar ambos mundos, mezclando la historia real con la leyenda. La humanidad que se respira a lo largo de todo el poema hace que su lectura sea más cautivadora.

Un autor colectivo

Pero sin duda lo más interesante del Cantar de Mío Cid, es que es una obra con muchas voces y autores. Aunque el Cantar de Mío Cid (igual que el Lazarillo de Tormes) tiene un autor anónimo, los estudios consideran que los dos escritores principales fueron dos juglares (uno de Esteban de Gormaz y otro de Medinaceli). No obstante, estos poemas no solían escribirse hasta mucho más tarde. Ante de eso se componían de viva voz y la gente se los aprendía de memoria.

El repetirlos siempre sin tener algo escrito y por tanto «fijado» posiblemente hizo que este cantar de gesta fuese cambiando de forma porque alguien modificó una palabra o añadió una escena entera. No sabemos cuál sería el poema original, pero lo que nos ha llegado sin duda es obra de muchos y, sobre todo, de la tradición.

¿Qué aporta leer el Cantar de Mío Cid?

Aunque no puede considerarse una obra histórica fidedigna, el Cantar de Mío Cid nos permite acercarnos a la historia de una manera amable y entretenida. A través de este poema épico conocemos la figura de Rodrigo Díaz de Vivar y sus aventuras para recuperar su honra, un sentimiento que sigue impregnado en nuestra actualidad.

No es sin embargo una obra que pueda leerse de cualquier manera. Por la lengua que utiliza (un castellano antiguo cargado de referencias y palabras en desuso), es más interesante hacerse con una edición crítica que cuente con suficientes anotaciones, adaptaciones y explicaciones. Solo así enteremos todo lo que ocurre y el por qué sigue causando tanta fascinación.

La construcción del héroe

Con el Mío Cid ante todo se construye el arquetipo héroe por excelencia, la base sobre la que luego se construyen los demás. Fiel a sus principios, garante de su honor y del de su familia, humilde, un hombre hecho a sí mismo… Estas son algunas de las características del Cid Campeador, que luego vemos repetidas en otros tantos personajes literarios. Puede que no sea sencillo identificarse con él o con sus porqués, pero es cuanto menos curioso conocer a uno de los primeros grandes héroes.

Sin embargo, esta construcción del héroe también nos hace reflexionar sobre si realmente lo es. La historia (tanto la real como la que, ficcionada, se presenta en el cantar de gesta) nos muestra a un hombre que, aunque tiene cierta piedad son sus enemigos, no deja de ser un mercenario. Además, como era común en esa época, habla y decide siempre por las mujeres de su entorno (en el caso de los matrimonios de sus hijas, ni siquiera lo hace él, sino el rey). Por lo tanto, esta lectura nos da que pensar sobre si el héroe realmente lo es o simplemente se construye a través de la épica.

En cualquier caso, si estás pensando en leer el Cantar de Mío Cid, esperamos que este resumen te haya animado a ello. Al fin y al cabo, ¿quién no disfruta con una obra de aventuras? Porque al final eso es lo que es este cantar de gesta: una gran aventura.

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