Hablemos de escribir diálogos: Descubre cómo escribir conversaciones auténticas

Escribir diálogos
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Imagina a tus personajes cobrando vida en las páginas de tu próxima gran novela.

Sus voces retumban en tus oídos mientras las palabras fluyen de sus bocas, revelando quiénes son sin necesidad de extensas descripciones.

Cada uno de esos diálogos, vibrantes y auténticos, forman el latido esencial que da vida a tu historia. Sí, los diálogos convincentes son verdaderamente el corazón palpitante de cualquier obra exitosa.

Pero ¿alguna vez has tratado de plasmar esa chispa de autenticidad en tu escritura? Si es así, entenderás que capturar el arte de la conversación en el papel es, paradójicamente, más complicado de lo que parece. Después de todo, aunque como humanos mantenemos conversaciones todos los días, el trasladar esa naturalidad a nuestra escritura requiere de práctica, paciencia y una pizca de magia.

Para ayudarte a dominar el arte de escribir diálogos emocionantes, hemos recopilado seis consejos esenciales. Estos están diseñados para darte la confianza que necesitas para crear diálogos reales y resonantes, que revelen el carácter de tus personajes y que den a tu obra ese toque especial, tan ansiado.

 

Un diálogo no es una conversación real.

Piénsalo de esta manera: un diálogo en tu historia es como una delicada danza de palabras. No es una charla cotidiana entre dos personas en la calle; es un ballet cuidadosamente coreografiado de frases e intercambios que cuentan su propia historia dentro de tu relato. Un diálogo no es una conversación real, es algo más, es una forma de arte, es un recurso estilístico enriquecedor.

Es tentador incluir la totalidad del colorido vernáculo del día a día en tus diálogos: palabras de relleno, tartamudeos, incoherencias. Pero, al igual que el pintor que agrega demasiado color a su lienzo, la inclusión de cada detalle realista puede distraer y cansar al lector. Por eso, es crucial recordar que, si bien un buen diálogo tiene un aire de naturalidad, evitar un exceso de realidad es la clave.

Imagina que los personajes de tu novela o relato están en un escenario, bajo los focos. Se les pide más que a los simples mortales: que sean más elocuentes, más audaces, más inteligentes. Sí, tus héroes pueden y deben ser más perspicaces de lo que tú o yo podríamos ser en la realidad.

 

Cada personaje tiene su propio lenguaje.

Cada personaje es único y su lenguaje debe reflejarlo. Al esbozar a tus personajes, considera no solo su apariencia y su historia, sino también su forma de hablar. Su vocabulario, su acento, ¿tal vez un ceceo? ¿O quizás tu personaje tiene la costumbre de interrumpir a los demás? El lenguaje es una pintura, y cada pincelada ayuda a definir a tu personaje de formas sutiles y no tan sutiles.

Pero aquí, también, el equilibrio es crucial. Una representación demasiado intensa de un dialecto o una peculiaridad de habla puede ser agotadora para el lector. Como un buen chef, sazona tu diálogo con palabras y frases típicas, pero no hasta el punto de ahogar el plato. De esta manera, el sabor de tu personaje será evidente, sin molestar el paladar del lector.

Utiliza menos verbos de decir.

Piensa en un diálogo como un flujo de agua en un río. Si bien hay turbulencias y remolinos ocasionales, la corriente sigue fluyendo de manera constante. Al escribir un diálogo, a veces la simplicidad es la clave. El uso excesivo de sinónimos de «decir» puede ser como una piedra que rompe el flujo de tu río.

Sí, en la escuela nos enseñan a ampliar nuestro vocabulario con la mayor cantidad de verbos posible. Pero en una novela, tener a tus personajes susurrando, sisear, o murmurando en cada diálogo puede distraer al lector y romper el flujo de tu historia. Sorprendentemente, el modesto «decir» es tu aliado aquí. Familiar para los lectores, no obstaculiza la lectura, sino que favorece su fluidez.

Además, hay una estrategia para reducir aún más el uso de verbos de diálogo. Imagina esto: acciones que enmarcan lo que se dice, aclarando quién está hablando. Observa el siguiente ejemplo:

Marc examinó con detenimiento su plato. «¿Quieres otra cuchara?»

«¿Una pequeña o una grande?» Hans se levantó con un suspiro y fue a la cocina.

 

Los diálogos deben contribuir a la trama.

Ahora, llevemos esto un paso más allá.

Tus diálogos deben tener un propósito en tu historia. Deben avanzar la trama y evitar el exceso de palabras innecesarias. Claro, puede ser divertido escribir un diálogo que se extiende por una página entera, pero hay un peligro real de perder al lector si se desvía demasiado de la trama.

Por lo tanto, evita el intercambio de frases innecesarias y limita tu diálogo a lo que realmente necesita tu historia. ¿Por qué no agregar un poco de conflictos a tu diálogo para darle más emoción? Tus personajes no siempre tienen que estar de acuerdo. A veces, pueden llegar a un entendimiento de una manera indirecta.

Por último, busca el equilibrio entre el texto descriptivo y el diálogo. Al igual que una buena comida, tu historia necesita variedad para mantener a tus lectores comprometidos y emocionados.

 

No lo digas todo.

Piensa en los diálogos como una danza intrincada, en la que no todos los movimientos son evidentes a simple vista. En esta danza, las palabras no siempre significan lo que parecen a primera vista. Sí, te animo a que juegues al enigmático juego de «leer entre líneas». No siempre tienes que decir exactamente lo que quieres decir, a veces es mejor permitir que tus lectores y personajes reflexionen un poco más.

Esta sutileza es el arte del subtexto, que crea un contraste intrigante entre lo que se dice y lo que realmente se quiere decir.

 

Utiliza la forma correcta.

Al abordar la forma de tu diálogo, es crucial seguir las reglas del juego.

Cada orador, por ejemplo, comienza en una nueva línea.

Familiarízate con las reglas de puntuación y ten en cuenta las diferencias entre un monólogo y un diálogo. Mientras que un diálogo involucra al menos a dos personas, un monólogo es esencialmente un soliloquio. Este último puede ser interno o hablado en voz alta.

Cuando escribes un monólogo, usa comillas si se habla en voz alta. Sin embargo, si es un monólogo interno, usa la cursiva.

 

A ti te toca

Ahora, con estos consejos a tu alcance, ¿estás listo para el desafío del diálogo? No dudes ni un instante más. ¡Sumérgete y comienza a escribir! Porque, al fin y al cabo, la práctica es la que verdaderamente te convertirá en maestro.

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