Resumen de De la Guerra de Carl von Clausewitz

Resumen de De la Guerra de Carl von Clausewitz
Tabla de contenidos

Uno de los tratados sobre la guerra más importantes de la Historia es De la Guerra, del militar prusiano Carl von Clausewitz. Escrito en la época inmediatamente posterior a las Guerras Napoleónicas, se trata, en parte, de un compendio del conocimiento militar de la época, pero también una redefinición del arte de la guerra, al que su autor quiere adaptar a la nueva realidad bélica moderna. Sus doctrinas, de hecho, alimentaron en buena parte la teoría de la guerra de su país natal, Prusia, que se convertiría a lo largo del siglo XIX en la potencia militar más importante del continente.

Si te interesa la Historia Militar y, sobre todo, la doctrina militar, este libro te va a apasionar. Sin embargo, sus casi 800 páginas (dependiendo de la edición), pueden disuadir a cualquiera. Si este es tu caso, no te preocupes, porque te traemos un resumen de esta obra colosal.

 

Resumen corto de De la Guerra de Carl von Clausewitz

De la Guerra de Clausewitz está considerado como uno de los textos militares más influyentes. El propio Clausewitz lo concibió a la manera de un gran tratado. Todo en él es sistemático y, aunque el propio autor rechaza que el arte de la guerra sea una ciencia, este es abordado con la rigurosidad de una ciencia empírica. Esto es, en buena medida, una de las claves de su éxito.

Otro de los elementos clave de la influencia de esta obra han sido los éxitos en el campo de batalla que, de manera directa o indirecta, ha propiciado. En efecto, no puede entenderse la acción militar de países como Prusia, posteriormente Alemania, o Israel, o incluso Estados Unidos después de la guerra de Vietnam, sin atender a las doctrinas de Clausewitz.

El libro es ciertamente voluminoso y estructura sus casi 800 páginas en 8 libros, cada uno de los cuales trata un aspecto diferente de la guerra. Aunque la obra completa fue, realmente, compilada por la viuda de Clausewitz, se piensa que probablemente los primeros libros fueron acabados y revisados por él mismo. Estas son los títulos de cada libro:

  • Libro I: Sobre la naturaleza de la guerra
  • Libro II: De la teoría de la guerra
  • Libro III: De la estrategia en general
  • Libro IV: El encuentro
 
  • Libro V: Las Fuerzas Armadas
 
  • Libro VI: Defensa
 
  • Libro VII: El ataque
 
  • Libro VIII: Plan de guerra

En los tres primeros libros, Clausewitz despliega los fundamentos conceptuales y teóricos de los que, en los libros sucesivos, extraerá toda su doctrina tanto estratégica como táctica.

Los libros V, VI y VII son los menos conocidos (de hecho en español tuvieron que esperar hasta 1978 para ser editados) en buena parte porque son prolijos en detalles sobre el combate bélico en el siglo XIX. 

El libro VIII funciona como una recapitulación, finalizando con un plan de invasión de Francia emprendido según los presupuestos explicados a lo largo de la obra.

En este libro se nos habla de muchísimas cosas: de aspectos tácticos y estratégicos, pero también de elementos más abstractos como la naturaleza de la guerra. Resumirlo de manera detallada puede ser complejo y, aunque existen algunas observaciones de carácter táctico que han quedado obsoletas o que mantienen un fuerte sabor decimonónico, podemos extraer los conceptos clave que han sido más influyentes. Son los siguientes:

 

Principales conceptos de De la Guerra

  • Naturaleza política de la guerra
  • El papel fundamental de la población en la guerra moderna: la Trinidad de la guerra
  • La “guerra total”
  • El carácter caótico y azaroso de la guerra: la fricción de guerra
  • La “niebla de guerra”
  • El punto de esfuerzo
  • Centro de Gravedad y batalla decisiva

 

A continuación te exponemos cada uno de estos conceptos clave de manera sucinta. Si deseas algo más detallado, te aconsejamos consultar nuestro resumen largo sobre esta obra.

 

La naturaleza política de la guerra

Es, sin duda, la idea más famosa de Clausewitz. Enunciada en una frase tan repetida como escueta e impactante: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Ello no significa que la guerra esté subordinada a la política, como a veces suele pensarse, sino algo con aún más implicaciones militares y éticas: la guerra es la expresión más extrema y absoluta de la política. Este carácter político de la guerra es esencial para poder definir unos objetivos exitosos en la contienda bélica. Dependiendo de los objetivos políticos que fijemos, requerirán de una serie de operaciones militares concretas y específicas.

 

El papel fundamental de la población en la guerra moderna: la Trinidad de la guerra

Para Clausewitz, la guerra moderna está obligada a movilizar, ya sea parcialmente o en toda su extensión, lo que él denomina “poder nacional”. La población jugará un papel indispensable en las guerras modernas, ya sea para añadir ardor guerrero y moral, como para poder ser utilizada en la defensa del país; o, al contrario, provocar alzamientos armados en el país enemigo. Ya no estamos en un paradigma clásico de guerra caballeresca o aristocrática. La nación moderna requiere de la movilización total de sus recursos, y aquí se incluye a la propia población.

Así, la guerra es una Trinidad que conjuga la dimensión política, la militar y la social. La política fija objetivos, el ejército dispone los recursos para obtener la victoria y la sociedad aporta su ardor bélico e incluso la cohesión necesaria que permita emprender la producción económica para alimentar el esfuerzo de guerra.

 

La “guerra total”

Aunque Clausewitz la denomina “guerra absoluta”, es un concepto que extrae las últimas consecuencias de su idea de la participación social en la guerra.

Cuanto más amplios son los objetivos políticos, afirma Clausewitz, mayor será la dimensión de la guerra. Esta puede llegar a ser una “guerra absoluta” que movilice todos los recursos y el poder nacional.

 

El carácter caótico y azaroso de la guerra: la fricción de guerra

La guerra es, como hemos visto hasta ahora, política y sociedad. Clausewitz añade una pata más a esta definición: también es imprevisibilidad y caos. Es imposible conocer de antemano qué va a acontecer en el fragor de la guerra.

Las directivas estratégicas pueden quedar en papel mojado, pues siempre hay un choque entre lo que el militar prevé y lo que ocurre finalmente en el combate. Esta discrepancia entre ambas es lo que Clausewitz denomina “fricción de guerra”.

 

La “niebla de guerra”

Este concepto es una ampliación del anterior. Si la guerra es azar e imprevisibilidad, los contornos de lo que está sucediendo se vuelven imprecisos.

La información tampoco es clara y a menudo es contradictoria o está manipulada. El saber abrirse paso en esta maraña de acontecimientos es una cualidad del militar de genio.

 

El punto de esfuerzo

Clausewitz resta importancia a la superioridad tecnológica en una guerra. Según él, el elemento cualitativo (la tecnología) no es decisivo y puede ser rápidamente emulada por el enemigo.

Lo que prima en la guerra es la superioridad numérica. Conviene, por tanto, contar con ella siempre. En el caso de que no dispongamos de una superioridad numérica absoluta, hemos de conseguir una superioridad numérica relativa. Esto se consigue identificando un punto de esfuerzo donde concentramos las fuerzas en el espacio y el tiempo.

 

Centro de Gravedad y batalla decisiva

Clausewitz era, en buena parte, un hombre del siglo XVIII. Su interés por las ciencias era total y este hecho es la causa de que en su obra aparezcan conceptos con reminiscencias científicas. Este es el caso de su concepto de Centro de Gravedad. Según él, todo país enemigo cuenta con un centro de gravedad, es decir, un núcleo del que emana su poder. Es preciso en la guerra el saberlo identificar. Una vez hemos determinado cuál es, es necesario destruirlo mediante una batalla decisiva.

Para concluir, en lo referente al estilo de escritura, Clausewitz se propone ya desde la primera página el conformar un tratado sobre guerra de manera rigurosa y similar a un texto filosófico y científico. Así, a partir de unos fundamentos y axiomas sobre la naturaleza de la ciencia, deriva todas las implicaciones estratégicas y tácticas.

Es esta, quizá, la razón por la que Clausewitz opta por un estilo erudito y poco dado a las elaboraciones retóricas y literarias. Asimismo, en contra de lo que suele decirse, su lectura no es tan ardua, ya que el autor disemina para ejemplificar sus teorías numerosos eventos históricos que reinterpreta bajo su propia doctrina.

 

Resumen largo de De la Guerra de Clausewitz

De la Guerra se compone de 8 libros a su vez divididos en varios capítulos. Los dos últimos están inconclusos dado que se cree que Clausewitz no pudo culminar su revisión.

De lo que no hay duda es que el primer libro titulado Sobre la naturaleza de la guerra es el más perfecto y donde aparecen los conceptos que han hecho famosa la doctrina militar de Clausewitz. En este resumen, vamos a exponer las ideas contenidas en cada uno de estos libros.

 

Primer libro: Sobre la naturaleza de la guerra

Clausewitz aspira desde el primer momento a escribir un tratado de guerra, no una serie de opiniones dispersas o de observaciones fragmentarias. Por tanto, comienza por el principio: ¿qué es, en sí, la guerra?

 

La definición de la guerra según Clausewitz

Para el militar prusiano, la guerra es el ejercicio de la violencia para imponer la voluntad sobre el enemigo.

Sobre esta definición elemental, Clausewitz elaboró la doctrina que más famoso le ha hecho: la finalidad política de la guerra. O dicho en sus palabras: “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Algo que, sin duda, fue una de las enseñanzas de las Guerras Napoleónicas, en las que las diferentes guerras producidas fueron guiadas por una clara intencionalidad política.

Asimismo, distingue claramente entre medios y fines de la guerra, lo cual supone un mantenimiento de la tradicional distinción en la doctrina militar entre táctica y estrategia. Pese a todo, Clausewitz remarca a menudo el carácter azaroso de la guerra, lo imprevisible de los eventos, que fácilmente pueden desbaratar el plan originario. Es por ello, que Clausewitz se inclina por las acciones rápidas y decisivas, un aspecto que sería explotado en el futuro por el formidable ejército prusiano.

 

El espíritu de la guerra

En este sentido, Clausewitz llega incluso a hablar de una “presencia de espíritu” en la guerra, un concepto algo ambiguo, pero que refiere la capacidad intuitiva del militar experimentado para poder conocer el curso real de la guerra en la marea de azar e imprevisibilidad en la que está inmersa.

Sin embargo, una de las consecuencias prácticas de este presupuesto teórico (y que fue brillantemente aplicada en el campo de batalla por Alemania) fue la Auftragstaktiv (“Directiva táctica” en alemán). Aunque es un concepto previo a Clausewitz, es este militar prusiano quien la eleva a elemento esencial.

Dado que la guerra es caos e imprevisibilidad, es importante que las directivas tácticas sean lo más sucintas posible. Para ello, es preciso que los encargados de ejecutarlas, sobre todo los suboficiales, estén muy bien cualificados y gocen de una gran formación. Así, mediante indicaciones generales de los objetivos, se otorga a los mandos medios una gran capacidad de maniobra que, según su ingenio y habilidad, adaptan a la realidad impuesta por el caos y la imprevisibilidad consustanciales a la guerra. Este ha sido, de hecho, uno de los fuertes del ejército alemán durante toda su historia.

 

Las cualidades atmosféricas de la guerra

Una vez definida la guerra y su naturaleza, Clausewitz procede a hablarnos de las cualidades de la “atmósfera” de la guerra. Son las siguientes:

  • Energía

 

  • Perseverancia

 

  • Firmeza

 

  • Fortaleza de ánimo

 

  • Fortaleza de carácter

 

Sin embargo, Clausewitz descarta todas aquellas actitudes “inflamadas” del militar, sobre todo en lo referente a la testarudez y a la obstinación. La guerra es un fenómeno azaroso y móvil; por tanto, la disposición de ánimo a ella ha de ser racional.

En el capítulo seis, Clausewitz habla de un aspecto de la guerra que hoy en día es crucial: la información. El militar prusiano recalca de nuevo el carácter imprevisible de la guerra, lo cual afecta a la información, que puede ser caótica y, en ocasiones, contradictoria. Para ello, Clausewitz aconseja la templanza y el uso de la ley de probabilidades para abrirse paso entre la maraña de acontecimientos informativos a la que nos aboca la guerra.

 

Segundo libro: De la teoría de la guerra

Como su propio nombre indica, este libro está destinado a analizar los aspectos más teóricos del fenómeno militar.

 

La dirección de la guerra vs. el arte de la guerra

Clausewitz comienza afirmando que la guerra es lucha y que esta lucha se sirve de medios. A esta dimensión de la guerra, Clausewitz la denomina “dirección de la guerra”. Mucho más amplio es el concepto “arte de la guerra” que abarca mucho más que la mera gestión de medios conforme a un fin. En este segundo grupo podríamos incluir elementos como reclutamiento, armamento o instrucción.

Esto lleva a Clausewitz a enunciar su famosa definición de táctica y estrategia que, aunque ya conocida, él enriquece. Para el militar prusiano:

  • La táctica es “la doctrina del uso de las fuerzas armadas en el combate”

 

  • La estrategia “el uso de combates para los fines de la guerra”.

 

Una distinción que no fue redefinida hasta casi un siglo después por los tratadistas militares soviéticos y su “arte operacional”.

O, en otras palabras, el Arte de la Guerra es el área que conjuga tanto táctica como estrategia. Algo que Clausewitz presenta como una aportación propia, dado que, según él, tradicionalmente se había entendido el Arte de la Guerra como una preparación de las fuerzas armadas.

 

Las doctrinas militares históricas

En el capítulo 2 de este libro, Clausewitz presenta una escueta historia de las doctrinas militares donde intenta rastrear cómo, poco a poco, la combinación de táctica y estrategia va emergiendo de manera poco consciente pero decidida sobre todo a partir de finales de la Edad Media.

Con ello, Clausewitz también enumera algunos aspectos que se escapan a la teoría de la guerra, dado que son difícilmente teorizables. Suelen ser aspectos asociados a la psicología del combatiente y a su peculiar percepción en el campo de batalla; por ejemplo, la percepción del peligro y el sentimiento hostil.

 

Tercer libro: De la estrategia en general

En este libro, Clausewitz profundiza en el concepto de estrategia que ya esbozó en el Libro II. Vuelve sobre la idea de que la estrategia consiste en planificar los combates para la consecución del objetivo de la guerra (que, no olvidemos, es político).

A la hora de establecer los elementos de la estrategia, Clausewitz distingue los siguientes:

  • Elementos morales

 

  • Elementos físicos

 

  • Elementos matemáticos

 

  • Elementos geográficos

 

  • Elementos estadísticos

Elementos morales

Por elementos morales, Clausewitz entiende las cualidades mentales y morales. Como innovación en la doctrina militar, Clausewitz no solo engloba las cualidades afectivas y emocionales del combatiente, sino de la sociedad que está detrás. Él la denomina “sentimiento nacional” y fue otra de las enseñanzas de las Guerras Napoleónicas, donde el apoyo de las masas era fundamental para reforzar la moral de combate.

 

Elementos físicos

Los elementos físicos engloban la magnitud de la fuerza, la composición o la proporción de los armamentos. 

 

Elementos matemáticos

Los elementos matemáticos aluden al ángulo de las líneas de operación, los movimientos concéntricos y excéntricos, siempre en su vertiente geométrica que puede calcularse.

 

Elementos geográficos

Por su parte, los elementos geográficos señalan la influencia del terreno en la contienda: los puntos dominantes, las montañas, los bosques, los caminos…

 

Elementos estadísticos

Por último, los elementos estadísticos incluyen los medios de abastecimiento, es decir, la logística.

 

Cómo los elementos influyen en la guerra

Clausewitz se detiene especialmente en analizar los elementos morales de la guerra, de entre los cuales destaca algunos como la perseverancia. También pone en valor la virtud militar, que él denomina el verdadero jefe de los soldados cuando el general no está con ellos.

Una vez analizado el aspecto moral de la guerra, Clausewitz aborda la superioridad numérica que él juzga como uno de los elementos cruciales de la guerra.

 

El punto de esfuerzo

Sin embargo, como él mismo se dedica a desglosar, existen batallas que se han ganado sin contar con esa superioridad numérica. Para explicarlo, Clausewitz enuncia otro de sus conceptos clave: el punto de esfuerzo. En el caso de que no contemos con superioridad absoluta, no tenemos más remedio que concentrar nuestro esfuerzo en un punto decisivo, lo cual nos otorgará superioridad relativa.

Leer también:  Resumen de "El recurso del método" de Alejo Carpentier

Esta doctrina del “punto de esfuerzo principal” ha tenido una larga trayectoria en el pensamiento militar prusiano y alemán. Tanto que incluso más de un siglo después, la Wehrmacht, en plena Segunda Guerra Mundial, aplicó esta doctrina ampliamente en el Frente del Este. No son pocos los historiadores que, en este sentido, juzgan que esa doctrina militar del “punto de esfuerzo principal” se hizo inoperativa frente a la doctrina militar soviética del “arte operacional” basada en emprender multitud de ataques simultáneos o sucesivos a lo largo de un amplísimo frente.

 

El efecto de la sorpresa

Clausewitz también remarca la importancia de la sorpresa, aunque él mismo reconoce que es un concepto más afín al campo de la táctica que de la estrategia. Sin embargo, existen movimientos sorpresivos cuyo efecto puede ser estratégico, como bien remarca al traer a colación el paso a través de los Alpes emprendido por Napoleón. 

El elemento de sorpresa también fue incorporado con éxito en la doctrina militar prusiana y alemana, y aplicada de manera imbatible durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Wehrmacht obtenía grandes victorias en buena parte por sus ataques imprevistos y sorpresivos.

 

El papel de la población civil en la guerra

Otro elemento de gran relevancia aparece en el capítulo XVII donde desarrolla la idea, planteada en el primer libro, de la guerra moderna como conflicto que no puede prescindir de la población civil. Así, Clausewitz repasa algunos de los acontecimientos de las Guerras Napoleónicas, como la derrota de Bonaparte en Moscú o la resistencia de los españoles en la guerra de guerrillas. 

Clausewitz finaliza este capítulo recalcando que este es un aspecto de la guerra moderna que no se puede obviar y que obliga a las naciones, en adelante, a planificar la guerra no cómo un combate entre dos ejércitos, sino como un conflicto que involucra a todo el “poder nacional”.

Este elemento ha sido polémico, dado que algunos intérpretes de Clausewitz han entendido que esta ha sido una prefiguración de la “guerra total” que tan devastadora iba a ser en las dos guerras mundiales. Con todo, Clausewitz no está llamando a la movilización total de todos los poderes nacionales, sino que constata el hecho, ya experimentado en las Guerras Napoleónicas, de que la guerra se había convertido en un fenómeno más global.

 

Cuarto libro: El encuentro

En este libro, Clausewitz aborda el evento que él considera como el más puramente bélico: el encuentro de dos fuerzas enemigas. Aunque el oficial prusiano lo sitúa en el terreno de la táctica, admite que un cambio en la táctica ha de tener un inevitable efecto en el cambio de estrategia.

A este respecto, Clausewitz realiza una de sus más famosas reflexiones sobre la guerra: la naturaleza de la guerra es, a pesar de los cambios tecnológicos, mentales o sociales, siempre la misma; solo cambian sus características.

El objetivo del encuentro es la victoria y dicha victoria puede consistir en los siguientes resultados:

  • La pérdida mayor del enemigo en fuerzas materiales.

 

  • La pérdida mayor del enemigo en fuerzas morales.

 

  • La admisión abierta de lo anterior que hace de esto la renuncia a su propósito.

 

Dos tipos de encuentros diferentes en la guerra

Asimismo, Clausewitz distingue entre encuentro defensivo y encuentro ofensivo cuyos objetivos, como es natural, son de naturaleza diferente.

Remarca también la importancia de la duración del encuentro, que eleva a categoría de estrategia y no de táctica. Un elemento de su doctrina que tendría una enorme influencia, sobre todo en países como Alemania, cuya situación geográfica, habitualmente a merced de dos enemigos por este y oeste, obligaba a victorias rápidas para decidir la guerra. Planteamientos como la famosa blitzkrieg son, en parte, estratégicamente deudores de esta doctrina clausewitziana.

 

La batalla decisiva

En el capítulo IX aparece uno de los conceptos más famosos de esta obra y que más influencia ha tenido en la doctrina militar posterior: el concepto de “batalla decisiva”.

Según Clausewitz, toda guerra requiere de una batalla decisiva, es decir, de “un conflicto emprendido con todos nuestros esfuerzos para el logro de una victoria verdadera”.

Aquí aparece asociado otro concepto clave de Clausewitz: la batalla decisiva como “centro de gravedad”. Nada como las propias palabras del oficial prusiano para definir este concepto en toda su amplitud: “la gran batalla debe considerarse, en consecuencia, como la guerra concentrada, el centro de gravedad de toda la guerra o la campaña”.

En suma, los esfuerzos de la guerra han de canalizarse hacia un gran momento trascendental donde buena parte del conflicto está en juego. Esta afirmación, lejos de ser una opinión verosímil, está sustentado por un fuerte armazón teórico que Clausewitz ha expuesto meticulosamente con anterioridad. Lo podríamos derivar de los siguientes axiomas:

  • La destrucción de la fuerza militar del enemigo es el objetivo principal de toda guerra.

 

  • Esta destrucción se realiza principalmente mediante el encuentro.

 

  • Solo los encuentros grandes producen efectos grandes.

 

  • Unificando los encuentros en una gran batalla se conseguirán los resultados grandes.

Dicho en otras palabras, la batalla principal es la concentración de todos los esfuerzos de guerra en el espacio y el tiempo.

 

Quinto libro: Las Fuerzas Armadas

En este libro Clausewitz se centra en definir cada uno de los elementos que definen a las Fuerzas Armadas, pero no en el contexto de la lucha, sino estructuralmente.

 

El concepto de teatro de operaciones

Comienza definiendo lo que es un teatro de operaciones. Para Clausewitz, un teatro de operaciones es una parte del todo bélico. Una parte, eso sí, con su idiosincrasia, la cual puede venir dada por la forma del terreno o las fortificaciones. Las acciones bélicas que forman parte de un teatro de operaciones son las campañas. La “masa de combate” destinada en un teatro de operaciones son cuerpos de ejército y no el Ejército entendido de manera absoluta.

Para Clausewitz, los ejércitos modernos no gozan de una superioridad aplastante, sino que suelen ser bastante parecidos. Si existe un avance tecnológico, los demás ejércitos pueden emularlo con relativamente facilidad y rapidez. De nuevo, vuelve el oficial prusiano a otorgar la máxima importancia al número de fuerzas en combate.

La estructura interna de un ejército

Clausewitz analiza también las principales herramientas del ejército: la infantería, la caballería y la artillería. Después de analizar los pros y contras de cada una, el autor concluye que:

  • La infantería es el elemento principal y la caballería y la artillería están subordinadas a ella.

 

  • La ausencia de caballería o de artillería puede compensarse con una óptima conducción de la infantería.

 

  • Es más difícil prescindir de la artillería que de la caballería.

 

  • Dado que la artillería es la mejor para aniquilar y la caballería la más débil, conviene preguntarse cuánta artillería ha de tenerse sin perjuicio y cuál es el mínimo de caballería que necesitamos para ser operativos.

El orden de batalla

Una vez abordado este aspecto, Clausewitz pasa al concepto de “orden de batalla” que él define como la división y disposición de la masa de combate en la batalla. Con división alude al elemento aritmético, es decir, la cantidad de tropas y su orgánica; por disposición se refiere al elemento geométrico, es decir, en qué formación o en qué lugares la ubicamos.

Más adelante, Clausewitz se centra en analizar cuestiones muy técnicas como la manutención, el terreno y las líneas de comunicación. En este punto resulta muy interesante su recomendación de no contar con vías de comunicación extremadamente largas, dado que deja muy expuesto al ejército en caso de alzamiento popular. De nuevo, vemos que Clausewitz tiene muy presente la participación de las masas de la guerra moderna.

 

Sexto libro: Defensa

Clausewitz aborda en este libro una multitud de aspectos sobre la defensa, entendida tanto desde la dimensión táctica como estratégica.

Una de las ideas más interesantes es el cuestionamiento de la defensa pura como uno de los valores más eficientes en la contienda. Clausewitz se detiene en analizar cómo durante cierto tiempo esto pudo ser cierto, pero la nueva realidad de la guerra obliga a una redefinición.

 

El valor de la defensa de la guerra

Para el oficial prusiano, la relación entre defensa y ataque no está tan delimitada como pueda parecer. Las dos se relacionan de manera ambigua. De hecho, afirma que las reglas de la defensa deben basarse en las del ataque y viceversa.

Clausewitz sostiene también que la defensa es una forma de guerra más fuerte mediante la cual se busca obtener la superioridad para, en un momento dado, atacar. Esto es válido incluso, como sostiene el autor, cuando se busca con el enfrentamiento bélico el mantenimiento del statu quo. Dicho en otras palabras, la defensa presupone el ataque, pero el ataque no presupone la defensa.

 

Las armas de la guerra

Clausewitz destaca las armas para una buena defensa y en todas ellas resuena su concepto de la participación de la población en la guerra. Así, entre estas armas se encuentra la movilización general, el pueblo e incluso la instigación de un alzamiento armado.

En este último concepto se pueden apreciar ecos de su tesis sobre la guerra como expresión absoluta de la política.

 

La defensa práctica

Una vez enunciados los fundamentos teóricos de lo que puede entenderse por defensa y sus relaciones con el ataque, Clausewitz aborda los elementos más prácticos de la defensa en el campo de batalla. Por ejemplo, la elección del terreno y la gestión de las fortalezas.

En estos pasajes el oficial prusiano es muy detallado y comenta diferentes tácticas. Reviste especial interés los puntos que él considera claves a la hora de escoger un puesto defensivo. Son los siguientes:

  • Que no sea posible rebasarlo.

 

  • Que dé ventajas al defensor a la hora de luchar por las líneas de comunicación.

 

  • Que las relaciones entre las vías de comunicación sean ventajosas para el defensor.

 

  • Que la influencia general de la región sea también ventajosa.

 

A partir de aquí, Clausewitz aborda con verdadera prolijidad como defenderse en un puesto de montaña, en ríos, en pantanos o zonas inundadas y bosques.

 

La capacidad defensiva del terreno

Esta reflexión sobre los diferentes terrenos y sus posibilidades defensivas lleva a Clausewitz a emprender en el capítulo 23º una leve digresión sobre un concepto popular en la doctrina militar anterior a él: la idea de “llave de un país”. Según el oficial prusiano, este concepto podía entenderse de dos maneras:

  • Existen puntos más susceptibles de dar acceso a un país

 

  • Existen regiones cuya posesión asegura la toma de un país

Es sobre esta segunda acepción que Clausewitz se muestra más crítico, tachándola prácticamente como un pensamiento mágico y de Cábala. Para él, la toma de un país viene determinada no por el terreno, sino por la fuerza enemiga: solo puede darse con la destrucción del ejército rival.

 

La retirada estratégica

Prosiguiendo con los diversos aspectos de la defensa, Clausewitz sostiene que una retirada del defensor al interior de su propio país puede ser una gran decisión de calado estratégico. Esto es así porque el agotamiento del atacante se hará patente y podría llegar a destruirle (en este punto, analiza la campaña de Napoleón en Rusia).

Clausewitz destaca como punto fuerte del defensor en su retirada al interior la existencia de un pueblo fiel y belicoso. Su idea clave de la participación de la población civil reaparece aquí también.

A este respecto, Clausewitz dedica interesantes páginas a hablar del levantamiento popular como arma de guerra. Eso sí, esta guerra popular, es decir, el conflicto que usa la animosidad de la población local contra el atacante, es eficaz siempre y cuando se den estas condiciones:

  • Que la guerra se libre en el interior del país.

 

  • Que no se decida por una única catástrofe.

 

  • Que el teatro bélico abarque un área considerable del país.

 

  • Que el carácter popular avale la medida.

 

  • Que el país sea accidentado e inaccesible, bien por las montañas, bosques o pantanos.

 

Eso sí, el autor recomienda que el uso de la revuelta popular no puede ir dirigido al poder enemigo, no debe destruir el núcleo, sino “roer la superficie, la periferia” del atacante. En este sentido, asegura que es más efectivo que la guerra popular se produzca en las regiones adyacentes a las controladas por el atacante.

 

Séptimo libro: el ataque

Clausewitz comienza este libro volviendo a la idea, ya expresada anteriormente, de la fluida relación entre defensa y ataque. En el caso del ataque, esta ambigüedad también se manifiesta, por ejemplo, cuando al tomar una ciudad o una plaza nos vemos obligados inmediatamente a defender.

La evolución del ataque

Clausewitz establece que la fuerza del ataque es decreciente y que su manejo es un asunto fundamentalmente estratégico. Estos son los puntos que influyen en la mencionada fuerza decreciente del ataque:

  • Si la finalidad es ocupar el país enemigo.

 

  • La necesidad del atacante de ir ocupando el territorio que van conquistando para asegurar líneas de comunicación y suministros.

 

  • Las pérdidas en combates y por enfermedades.

 

  • La distancia de las fuentes de suministro.

 

  • Las pérdidas por asedios o sitios.

 

  • El abandono de los esfuerzos.

 

  • La pérdida de aliados.

A pesar de que Clausewitz reconoce que esta fuerza menguante puede ocurrir paralelamente a la acumulación de fuerzas, esto no suele ser lo habitual. Es en este momento cuando el oficial prusiano aborda el ataque en diferentes contextos: montañas, campos atrincherados o líneas de cordón.

 

Las maniobras militares

La cuestión de las maniobras militares es concebida por Clausewitz como unas derivadas del ataque mismo, constituyendo, en sus palabras, una suerte de primeras jugadas en un tablero de ajedrez. Los objetivos de las maniobras pueden ser:

  • Cortar el suministro del adversario.

 

  • Reunirse con otros cuerpos militares.

 

  • Amenazar otras conexiones con el interior del país o con otros ejércitos.

 

  • Amenazar la posibilidad de una retirada.

 

  • Atacar puntos concretos con fuerzas superiores.

 

La retirada de fuerzas

Se aborda también el concepto militar de diversión. Es decir, el de retirar fuerzas del esfuerzo principal para destinarlas a otras operaciones. Recordemos que Clausewitz es un gran partidario de la concentración de fuerzas y la superioridad numérica, al menos relativa. Por tanto, la diversión es adecuada si se dan las siguientes condiciones:

  • Que el atacante pueda destinar fuerzas en la diversión sin debilitar el ataque principal.

 

  • Que el defensor cuente con puestos de defensa importantes que puedan ser amenazados por la diversión.

 

  • Que el defensor cuente con súbditos descontentos.

 

  • El poder tener acceso a una provincia rica que pueda aportar recursos bélicos.

Nótese cómo, de nuevo, en el punto 3, aparece el papel decisivo de la población, en esta ocasión para usarlos en favor del atacante.

 

La invasión

Clausewitz termina este libro dedicándole unas páginas a la invasión, es decir, la penetración en profundidad en el territorio enemigo. Un concepto que, en la doctrina militar de la época, recibía la denominación francesa de guerre d’invasion.

Para Clausewitz, esta categoría no es significativa, dado que tanto la penetración en profundidad como el “roer la frontera” del enemigo son dos modalidades de ataque y no un concepto con entidad propia que defina nada autónomo ni, todavía menos, constituya un tipo de guerra diferenciado.

El autor analiza la invasión y define fortalezas y debilidades. Entre las fortalezas encontramos:

  • La fuerza del enemigo sufre porque es mayor que la nuestra.

 

  • El enemigo va perdiendo en nuestro avance almacenes, polvorines, puentes…

 

  • También va perdiendo provincias y, por tanto, fuentes de recursos.

 

  • El atacante puede nutrirse de los recursos del enemigo y reservar los propios.

 

  • El enemigo pierde cohesión interior.

 

  • Los aliados del enemigo lo abandonan.

 

  • El enemigo puede caer en el desánimo y la desmoralización.

Parecen todo ventajas, pero Clausewitz también menciona los siguientes elementos de debilitamiento para el atacante que practica una penetración en profundidad o invasión:

  • Estamos obligados a asediar, nos desgastamos y el enemigo puede llevarse sus efectivos en retirada.
Leer también:  Tácticas militares de Napoleón Bonaparte

 

  • Hemos de ocupar el territorio y el teatro de operaciones se torna hostil.

 

  • Nos alejamos de nuestras fuentes de recursos, por lo que hemos de detenernos para reponer las fuerzas gastadas.

 

  • El Estado defensor puede convocar a otros poderes para su protección.

 

  • El adversario, atemorizado, puede incrementar por ese mismo miedo sus esfuerzos.

 

Octavo libro: Plan de Guerra

En este último libro, Clausewitz aborda el plan de guerra, es decir, los objetivos de toda guerra que, como ya ha expuesto en los primeros libros y vuelve a recordar aquí, es la derrota del enemigo, cuando no de la destrucción de sus ejércitos.

El oficial prusiano emprende en los primeros capítulos un repaso por las grandes batallas de la Historia y cita a más de un gran militar como Carlos V, Gustavo Adolfo, Carlos XII o Federico el Grande.

Todo ello hace concluir al autor que cada época cuenta con sus propios recursos y, por tanto, con sus propias posibilidades. Es menester, por tanto, tener en cuenta estos condicionantes a la hora de analizarlos. Pese a ello, Clausewitz vuelve a repetir su idea de que, aunque cada guerra es diferente de la anterior y la posterior (es decir, tienen su propio carácter), todas las guerras de la Historia comparten unos principios comunes, una naturaleza propia.

 

La política de la guerra

En los capítulos cinco y seis, Clausewitz ahonda en su teoría de la naturaleza política de la guerra, haciendo especial énfasis en las guerras napoleónicas. En este punto es cuando enuncia su concepto de la “figura absoluta” de la guerra. Un concepto que prefigura el de “guerra total” que, aunque muy similares, conviene no confundir:

Si la guerra obedece a la política, asumirá su carácter. En tanto se haga más grandiosa y más poderosa, así lo será también la guerra, y esto puede llegar hasta la cumbre en la que la guerra alcanza su figura absoluta.

Así, la característica de toda guerra, sea de la época que sea, y con los recursos que sean, organizados y dirigidos por el Estado que sea, es precisamente esa: su naturaleza política.

 

El núcleo de poder

Más adelante entra en juego de nuevo el famosísimo concepto clausewitziano de “centro de gravedad”. Asumiendo que cada fuerza en combate cuenta con un núcleo de poder, es conveniente identificarlo para concentrar allí el máximo esfuerzo y destruirlo. De este modo, se conseguirá la destrucción del enemigo, que es para Clausewitz el fin último de la guerra.

Usando este concepto de “centro de gravedad” Clausewitz lanza las siguientes instrucciones:

  • Reducir el peso del enemigo a unos pocos centros de gravedad y empleando una fuerza muy concentrada.

 

  • Actuar rápidamente.

 

  • Reducir al enemigo a un solo centro de gravedad (aquí jugará un papel importante el elemento político: ¿es nuestro ejército un todo comandado por una misma persona?, ¿son dos ejércitos aliados?, ¿combaten ambos con unidad o persiguen a su vez objetivos diferentes?).

 

El ejemplo de una invasión francesa

Como colofón a este libro, Clausewitz propone una hipotética invasión de Francia por parte de Prusia, Austria e Inglaterra suponiendo que Rusia se quedara al margen. Así, Clausewitz lanza su plan de invasión en base a los conceptos analizados:

  • Analizar el centro de gravedad de Francia: su poder bélico y París.

 

  • Identificar el objetivo político de la invasión de Francia: descabezar la monarquía francesa, cuyo “corazón” Clausewitz ubica en la franja que está entre París y Bruselas.

 

  • Primer golpe desde el norte: ingleses, Prusianos y alemanes del Norte invadirían Francia a través de los Países Bajos.

 

  • Segundo golpe a través del sur: austríacos y alemanes del sur emprenderían un segundo golpe desde el Alto Rin, bien a Troyes y París o en dirección a Orléans.

 

  • Rapidez, concentración y contundencia de fuerzas: ambos golpes llevan al centro de gravedad, París. Destruyéndolo, Francia caería.

Terminamos con un apunte histórico: invadir Francia desde Países Bajos fue el plan seguido por Alemania en la Primera Guerra Mundial. Hasta ahí llegó la influencia de Clausewitz. Sin embargo, como bien apuntaba el militar prusiano, era vital que Rusia se mantuviera al margen. Cosa que no pasó en verano de 1914. Pero eso, como dice el dicho, es otra historia…

 

Análisis de De la Guerra de Carl von Clausewitz

Como hemos podido apreciar, la obra de Clausewitz es muy potente y nutrida en conceptos de gran relevancia como el de “centro de gravedad”, “batalla decisiva” o “guerra absoluta” entre otros.

 

Conceptos clave de De la Guerra de Carl von Clausewitz

 

Naturaleza política de la guerra

Es probablemente el concepto de Clausewitz que más ha trascendido. La famosa frase “la guerra es la continuación de la política por otros medios” es conocida y repetida incluso por aquellos que no han leído al oficial prusiano. ¿Pero qué quiere decir exactamente?

Existe alguna que otra confusión sobre esta expresión, siendo la interpretación más frecuente la que atribuye a la guerra un papel subordinado a la política. Sin embargo, esta idea no era extraña en la época en que Clausewitz escribió su tratado.

Lo realmente novedoso del enfoque clausewitziano es entender el fenómeno de la guerra no como algo subordinado a la política, sino como un fenómeno que es política en sí mismo, y aún más, su expresión más genuina y absoluta.

Las conclusiones que se pueden derivar de esta afirmación son amplias y de gran calado. Por ejemplo, la guerra mejor planteada sería así la que dispone sus objetivos en función de un plan político. Pues una expedición de castigo no requiere de la misma planificación que, por ejemplo, una guerra de anexión.

El corolario de este planteamiento es que la guerra ha de emerger de un planteamiento político y, lo que es más importante, ha de disponer de los recursos a los que la política tiene acceso: la estructura de la sociedad, su moral, la producción o la economía, entre otras. Este concepto nos lleva directamente al siguiente concepto clave de De la Guerra.

 

El papel fundamental de la población en la guerra moderna: la Trinidad de la Guerra

La participación de las masas en la guerra fue una de sus ideas más novedosas, aunque ya se había visto ampliamente en las Guerras Napoleónicas, con todo su despliegue de ejércitos inéditos hasta entonces. Cómo no, las levas masivas entre la población para hacerlo posible.

Incluso en el caso francés, la moral de la población, alimentada por el aliento ideológico de los ideales revolucionarios, sirvió como combustible a un periodo de guerras tan intenso y prolongado como las Guerras Napoleónicas.

Clausewitz observó este fenómeno y tuvo la sagacidad suficiente para entenderlo como un elemento clave de la guerra moderna. Se acabaron para siempre los tiempos de las guerras caballerescas, tan bien descritas en el Mío Cid, en los que el acceso al Ejército estaba determinado por el estatus social. O en los que se evitaba implicar a la población (no hay más que pensar en la decisión de Federico II en la Guerra de los Siete Años de no involucrar a la sociedad incluso en los momentos más difíciles de la contienda).

El papel de la sociedad será, entonces, clave en el pensamiento clausewitziano. Esta participación es moral e ideológica, pero también económica. La guerra cada vez consume más recursos y es preciso alinear a la población, incluso la que no combate, en un mismo esfuerzo de guerra, sobre todo en sus dimensiones económicas y de producción.

De la combinación de la tesis de la naturaleza política de la guerra y la de la participación de la población en la misma se deriva la famosa Trinidad de la Guerra clausewitziana. El elemento político es la inteligencia, el que establece los objetivos de la contienda, el ejército es el ingenio, el cálculo, la posibilidad de ejecutar sobre el terreno los objetivos políticos y el pueblo es motor emocional de la guerra.

 

La “guerra total”

Entrecomillamos la expresión porque Clausewitz nunca la empleó, aunque el concepto de guerra total es un desarrollo de sus planteamientos. En cierto modo, es también una derivación lógica de su idea de la participación de la población en la guerra.

Una vez que asumimos la necesidad de la participación social en la guerra, dicha participación ha de ser absoluta. Además, en un contexto de guerras ideológicas, la gestión de la población en términos militares se hace necesaria. Tanto para movilizarla a favor del esfuerzo bélico como contrarrestarla con el propósito de eliminar amenazas en retaguardia. No hace falta, en este contexto, recordar el fenómeno de “guerra de guerrillas” producida en España contra Napoleón, de la que Clausewitz tomó buena nota.

Además, como expresa en el Libro Octavo, dado que la naturaleza de la guerra es política, más amplia será la contienda bélica, cuanto más amplios sean los objetivos políticos.

 

El carácter caótico y azaroso de la guerra: la fricción de guerra

A pesar de que hay pocas manifestaciones humanas más sujetas a la planificación y al cálculo que la guerra, esta siempre presenta un elemento impredecible con el que es necesario jugar. Clausewitz remarca que la guerra es azarosa y que, de hecho, es una atribución del militar de genio el saber “leer” una situación poco clara y tomar decisiones.

Esta discrepancia entre los planes de una guerra y la realidad, compuesta de una multitud de eventos impredecibles, conforma la “fricción de guerra”. Uno de los desarrollos de esta idea, aplicada ampliamente en el ejército alemán, es la flexibilidad táctica otorgada a los oficiales y las Directivas Tácticas que se emitían en el ejército. Órdenes lo suficientemente sucintas como para que el oficial encargado pudiera adaptarlas a la realidad cambiante de la guerra o combate en el que se hallaba.

 

La “niebla de guerra”

Este concepto se vincula estrechamente con el anterior, dado que se debe al mismo carácter impredecible de la contienda bélica. Es tal el volumen de acontecimientos y de información fragmentaria sobre ellos que la guerra se torna imprecisa y de contornos poco claros.

Es, de hecho, una de las virtudes militares el tener la intuición adecuada para poder extraer una visión de conjunto o poder descartar informaciones inexactas.

 

El punto de esfuerzo

El punto de esfuerzo es uno de los conceptos que mayores consecuencias ha tenido en el pensamiento táctico de los ejércitos. A pesar de que Clausewitz otorga una gran importancia a la superioridad numérica, es consciente de que es posible vencer sin gozar de dicha superioridad. 

El oficial prusiano aboga, por tanto, por el establecimiento de un punto de esfuerzo en el que la masa de combate pueda concentrarse en el espacio y el tiempo. Así, la inferioridad numérica absoluta puede convertirse en superioridad numérica relativa.

 

El Centro de Gravedad y la batalla decisiva

Clausewitz era un hombre de su tiempo, y como tal, gustaba de tomar prestados conceptos científicos o de inspirarse en ellos. El concepto de Centro de Gravedad es un claro ejemplo.

Para Clausewitz, todo ejército enemigo cuenta con un centro de gravedad, es decir, un centro de poder y movimiento. Si concentramos nuestros esfuerzos en destruirlo, obtendremos la victoria.

Esta derrota del centro de gravedad enemigo puede concretarse en la batalla decisiva, un concepto que aúna tanto el del punto de esfuerzo como el del centro de gravedad. Existen centros de gravedad de gran significancia que es preciso identificar y pueden ser:

  • La destrucción del ejército enemigo.

 

  • Conquistar la capital del país enemigo.

 

  • Atacar a los aliados del enemigo.

 

  • La opinión pública del enemigo.

 

Sin embargo, el concepto de punto de esfuerzo puede aplicarse también a combates de naturaleza más táctica.

 

Influencia de Clausewitz en las guerras y doctrinas militares posteriores

Aunque, tras su muerte en 1830, la obra de Clausewitz fue prácticamente desconocida, fueron los éxitos de uno de sus alumnos, Moltke el Viejo, quien la relanzó hasta tal punto que su De la Guerra se convirtió en uno de los textos de referencia de la Academia Militar de Berlín.

Sin duda, las fulgurantes victorias de Prusia en las guerras frente a Dinamarca, Austria y finalmente Francia prestigiaron la manera prusiana de hacer la guerra. Y esto, de manera inevitable, conducía a Clausewitz.

 

La herencia del ejército prusiano-alemán y de Clausewitz

A pesar de que en ocasiones se atribuyen ideas de seguidores de Clausewitz al propio Clausewitz, la influencia del oficial prusiano de Magdeburgo es bien visible. Estos son los elementos claves del ejército prusiano y del posterior ejército alemán que son fruto de los planteamientos de Clausewitz o de desarrollos ulteriores:

  • Uso extenso de las Directivas Tácticas: es decir, directivas que permitían a los oficiales encargados de ejecutarlas una gran flexibilidad a la hora de aplicarlas. Así, las podían adaptar al contexto que conocían perfectamente. Se mitiga así el efecto de la “fricción de guerra”, es decir, la discrepancia entre los propósitos y planes tácticos y la realidad cambiante de la guerra.

 

  • Cuerpos de suboficiales excelentemente formados: para ejecutar debidamente las Directivas Tácticas es preciso contar con un cuerpo de suboficiales competentes que posean lo que Clausewitz denomina “intuición”. Es decir, la habilidad para leer la situación en plena “niebla de guerra” y “fricción de guerra”.

 

  • Amplio uso del concepto de punto de esfuerzo y de batalla decisiva: debido a su situación geográfica, Alemania a menudo ha tenido que combatir con enemigos a este y oeste. Ello le ha obligado a optar por tácticas basadas en la rapidez y en la concentración de fuerzas para posibilitar victorias rápidas. Una guerra de desgaste mitiga las opciones de Alemania para ganar una guerra mundial o continental (precisamente lo que sucedió en la Primera y Segunda Guerras Mundiales).

 

  • Excelencia en la planificación y ejecución de maniobras: el ejército alemán, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial, sobresalió como el ejército mejor dotado para emprender guerras de maniobra. La rapidez, decisión y concentración de esfuerzo que requieren se acomoda a las necesidades que se plantean a Alemania, tanto en lo geográfico como económico y demográfico, para ganar una guerra.

Los fulgurantes éxitos tácticos del ejército alemán establecieron esta manera de proceder como un método deseable por países cuyas circunstancias geográficas o de recursos, tanto materiales como humanos, requerían de guerras rápidas y cortas. Sin embargo, como ocurrió en el Frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial, pueden acabar revelándose como ineficaces si lo que plantea el enemigo es una guerra de desgaste acompañada de una alta capacidad industrial.

 

De la Guerra en las guerras modernas

Al término de la Segunda Guerra Mundial y con el inicio de la conocida como “era atómica” pareció que Clausewitz decaía debido a un nuevo escenario que amplificaba los efectos destructivos de la guerra.

Esta amenaza de destrucción planetaria obliga forzosamente a la disuasión, lo cual desaconseja el despliegue de la política en su fase más absoluta (la guerra). Sin embargo, también tuvo un efecto no siempre previsto: la proliferación de guerras convencionales limitadas en forma de “guerras proxy”, es decir, guerras entre dos potencias en un tercer país. En este contexto, algunos presupuestos de Clausewitz siguen estando vigentes.

A este respecto podemos citar la guerra entre la URSS y Afganistán. En lo que respecta a las acciones rápidas y decisivas, Israel con su Guerra de los Seis Días o ciertas campañas militares de Estados Unidos tras la Guerra de Vietnam.

Las ideas de Clausewitz también gozan de predicamento, sobre todo en los contextos de las guerras de insurgencia como Irak y Afganistán, sobre todo por lo que tienen de participación de la población.

 

La influencia de Clausewitz en el mundo anglosajón

La incorporación del mundo anglosajón a las doctrinas clausewitzianas ha sido tradicionalmente difícil y limitada, dado que uno de los teóricos militares anglosajones más influyentes, Liddell Hart, fue un convencido detractor de las ideas del oficial prusiano. 

Más partidario de la “aproximación indirecta”, Hart criticó el fundamento clausewitziano de la guerra como “encuentro”. Una visión que, según él, condujo a las matanzas de las dos guerras mundiales. Recordemos a este respecto que potencias como Estados Unidos cuentan con una opinión pública que rechaza habitualmente el embarcarse en guerras lejanas y duras que supongan grandes pérdidas humanas. Es, por tanto, comprensible que el país norteamericano haya sido reticente a asumir doctrinas militares basadas en el encuentro directo y en el choque de fuerzas a gran escala.

Leer también:  Resumen del libro "Notre-Dame de París" de Victor Hugo

En este sentido, tampoco podemos olvidar que la doctrina de la superioridad numérica defendida por Clausewitz propicia un despliegue de tropas cuyo coste puede resultar excesivo y complicado para potencias marítimas como Estados Unidos y Reino Unido. No es de extrañar, por tanto, que en el caso de Estados Unidos se haya preferido el elemento cualitativo (en este caso, la tecnología) que el poder cuantitativo (el número de efectivos).

Resulta difícilmente soslayable que la doctrina de Clausewitz parece estar muy basada (y dirigida) a países con una fuerte implantación terrestre. Las potencias anglosajonas, Reino Unido primero y Estados Unidos después, han confiado la proyección de su poder y hegemonía en la estrategia naval. A pesar de que algunos conceptos de Clausewitz son aplicables en la guerra naval, las doctrinas del oficial prusiano están muy condicionadas a la geografía de su país, Alemania, eminentemente terrestre.

 

Las previsiones de De la Guerra

Para concluir, se podría afirmar que las nuevas modalidades de guerra asimétrica y “guerra híbrida” necesitan de la participación de la población, un elemento típicamente clausewitziano. Recordemos que la guerra asimétrica implica el combate entre una fuerza convencional y otra no convencional que recurre a tácticas de guerrilla, terrorismo e incluso de crimen organizado.

Por su parte, la guerra híbrida contempla una gradación de acciones hostiles de baja intensidad (creación de revueltas populares, terrorismo, financiación de grupos armados) que pueden sucederse in crescendo, según convenga, hasta desembocar una guerra convencional de alta intensidad. Además, también requieren de una clara directriz política (sobre todo en el caso de las “guerras híbridas”).

Clausewitz, por tanto, no está muerto ni enterrado y sus doctrinas seguirán vigentes mientras existan los elementos de la guerra moderna que él tan brillantemente se dedicó a consignar en su monumental obra que ahora resumimos.

 

Impacto de Clausewitz y su obra De la Guerra en España

Clausewitz no ignoró a España en su vertiente militar. De hecho, la guerra de guerrillas producida en España pudo haber inspirado su idea de la participación de la sociedad en la guerra moderna. En el capítulo XVII del Libro III leemos lo siguiente con respecto a España:

Los españoles con su obstinada resistencia han mostrado lo que puede realizar la movilización general de una nación y las medidas insurgentes en gran escala, pese a la debilidad y falta de consistencia en los aspectos particulares.

Con todo, y pese a que España jugó un papel relevante en la derrota de Napoleón y en la creación de un movimiento de insurgencia plenamente moderno, el impacto de Clausewitz en España ha sido muy limitado. De hecho, a principios de siglo XX únicamente se habían traducido algunos de los libros del extenso De la Guerra. Solo a partir de 1978 el público español ha podido disfrutar de la obra entera.

 

La falta de “guerras totales”

Mucho se ha comentado sobre las posibles causas de esta escasa influencia. La más recurrida es que, obviando la guerra con Estados Unidos en 1898, España no afrontó en el siglo XIX (ni aun en el XX) una guerra a gran escala con otra potencia occidental. Además, la que libró con Estados Unidos fue limitada y circunscrita a lo naval.

Por otro lado, la guerra clausewitziana implica profundas reformas y una economía nacional construida en base a la eventualidad de una “guerra absoluta” (o, como se dice más popularmente, una “guerra total”). Es decir, el ejército español no ha sido clausewitziano porque, simplemente, no podía permitírselo. La industrialización limitada y muy circunscrita a determinadas regiones imposibilitaba a España a librar una guerra plenamente clausewitziana.

 

La falta de “cultura de defensa”

Por otro lado, la difícil nacionalización de España durante el siglo XIX, en la que algunas regiones no contaban con presencia militar, retrasó una “cultura de defensa” nacional. También consolidó la inviabilidad de un ejército español que, como diría Clausewitz, aunara en torno suyo al “poder nacional”.

Tampoco podemos obviar la dependencia a la doctrina militar francesa de España durante los siglos XIX y XX. Una manera de abordar el fenómeno bélico que bebía de las doctrinas del general suizo Jomini y que ponía más el acento en la fortaleza moral y en la iniciativa táctica más que en el móvil estratégico y político de la guerra.

 

Preguntas sobre De la Guerra de Clausewitz

 

Temática: conceptos de De la Guerra

 

¿Qué es la guerra según Carl von Clausewitz?

La guerra es el ejercicio de la violencia para imponer la voluntad sobre el enemigo. Se trata de una expresión absoluta de la política dado que, según la famosa frase de Clausewitz, “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

La manera de alcanzar estos objetivos es destruyendo el ejército enemigo, su centro de gravedad, ese núcleo de poder del que emana su fuerza.

La guerra se basa en una Trinidad que conforma la política, el ejército y el pueblo. La primera establece los objetivos, el segundo ejecuta y el tercero aporta el “poder nacional”, es decir, la moral, el odio que funciona como moral de combate y, eventualmente, la producción de recursos.

 

¿Cómo define Clausewitz el concepto de “fricción” en la guerra?

La fricción de guerra es la discrepancia entre los planes tácticos y estratégicos, previamente definidos, y su choque con la realidad cambiante, azarosa y caótica del fenómeno bélico.

 

¿Qué papel juega la “niebla de guerra” en la teoría de Clausewitz?

La guerra es azar, caos e imprevisibilidad. Es, por tanto, un entorno en el que las informaciones son incompletas, equivocadas o directamente tergiversadas.

Los contornos de lo que es cierto, lo que podría ser verdadero y lo falso se desdibujan. Según Clausewitz, es competencia del militar de genio el saber leer la situación cambiante de la guerra en medio de esta niebla de guerra.

 

¿Qué dice Foucault sobre la guerra en relación con las ideas de Clausewitz?

El filósofo Michel Foucault defendió una famosa inversión de la frase de Clausewitz “la guerra es la continuación de la guerra por otros medios”. Para el pensador francés, en el Occidente actual es la política donde se libra la guerra mediante medios políticos.

 

¿Cuál fue su obra más importante de Clausewitz?

El tratado en ocho libros De la Guerra.

 

¿Qué influencia ha tenido De la Guerra en la teoría militar moderna?

Muy relevante y amplia. El ejército prusiano en el siglo XIX y su sucesor, el Ejército Alemán, pusieron en práctica muchas de las doctrinas de Clausewitz. Militares como Moltke el Viejo se inspiraron en su obra para culminar sus éxitos bélicos.

Otros países han aplicado algunas de sus teorías en conflictos terrestres que han requerido de rapidez y contundencia. Por ejemplo, Israel en la Guerra de los Seis Días o algunas operaciones de EE. UU. tras la guerra de Vietnam.

Algunos conceptos polémicos como el de “guerra total” son deudores de Clausewitz. Incluso las guerras revolucionarias producidas en la Guerra Fría, como por ejemplo la teorizada por Mao, bebían en gran parte de la tesis clausewitziana de la participación de las masas en la guerra.

 

¿En qué contextos históricos y políticos escribió Clausewitz su obra?

Clausewitz murió en 1830, por lo que pudo vivir las Guerras Napoleónicas y las Revoluciones Liberales de 1820 y 1830. La obra se escribió al término de las Guerras Napoleónicas, en la época denominada como la Europa del Congreso de Viena. Una época de cierta estabilidad entre potencias, aunque con el auge nacionalista en Alemania y Francia en el fondo.

 

¿Cuáles son los principales principios estratégicos que Clausewitz propone en De la Guerra?

La estrategia es para Clausewitz el uso de combates para conseguir los objetivos de la guerra. Dado que la guerra es el grado absoluto de la política, la estrategia ha de estar definida por el objetivo político que pretendemos conseguir. No es lo mismo emprender una guerra de castigo que una guerra de anexión. La decisión primera de qué objetivos políticos buscamos definirá la planificación de la guerra.

La consecución de los objetivos de la guerra pasa por la victoria y su correcta gestión. La victoria puede obtenerse buscando el centro de gravedad del enemigo, el núcleo de donde emana su poder. El centro de gravedad puede ser el ejército enemigo, su capital, sus aliados o la opinión pública.

 

¿Cómo aborda Clausewitz la relación entre la táctica y la estrategia?

Clausewitz busca superar la distinción férrea entre táctica y estrategia. Ambas son dependientes, aunque la defensa presupone el ataque y no al revés. La estrategia es el uso de combates para la guerra, pasa por la victoria y su correcta gestión. La victoria puede obtenerse buscando el centro de gravedad del enemigo, el núcleo de donde emana su poder.

 

¿Qué importancia le da Clausewitz al concepto de “centro de gravedad” en la guerra?

Una importancia capital. El centro de gravedad es de donde emanan los poderes del enemigo. Identificándolos correctamente y aplicando en él los esfuerzos bélicos puede alcanzarse la victoria.

Clausewitz recomienda identificar varios centros de gravedad e ir posteriormente reduciéndolos a unos pocos y, finalmente, a uno.

 

Temática: Política y Guerra

 

¿Quién dijo “la guerra es la continuación de la política por otros medios”?

El oficial prusiano y autor del tratado De la guerra Carl von Clausewitz.

 

¿Cómo relaciona Clausewitz la guerra con la política y la diplomacia?

La guerra no está subordinada a la política, sino que es su expresión más absoluta. Cuando otras aplicaciones pacíficas de la política como la diplomacia fracasan, se activa la fase final y absoluta de la política: el recurso a la guerra.

 

¿Qué relevancia tiene la idea de Clausewitz de que la guerra es un instrumento político en el contexto contemporáneo?

La guerra como expresión absoluta de la política es una de las ideas que más influencia han tenido y que mejor han resistido el paso del tiempo. La guerra, en nuestros días, sigue siendo un recurso para imponer una voluntad política concreta o, al menos, para instaurar unas condiciones determinadas gracias a las cuales un determinado país consigue obtener una negociación política favorable.

Además, la interconexión actual derivada de la globalización propicia que la guerra posea unas derivadas geoeconómicas y geopolíticas tan complejas que se hace necesario que, en todo momento, quede sujeta a la dirección política.

Por otro lado, fenómenos actuales como la “guerra híbrida” que contempla un abanico variado de acciones hostiles, desde el terrorismo y la insurgencia a la guerra convencional, requiere de una planificación y gradualismo determinados previamente por la política.

 

Temática: Impacto y Crítica

 

¿Cómo ha sido interpretada y criticada la obra de Clausewitz a lo largo de la historia?

Existen dos grandes interpretaciones de Clausewitz. La primera, la que ha desarrollado sus presupuestos y que está encarnada en la escuela militar alemana y luego prusiana. Una forma de hacer la guerra que ha sido imitada en varios países en el mundo. Incluso movimientos tan dispares a lo que podemos entender como la ideología militarista y conservadora de Alemania se han servido de conceptos clave como el de la movilización de la población. Así, las guerras revolucionarias promovidas, entre otros, por Mao beben notablemente en las ideas clausewitzianas.

La segunda, habitualmente crítica, hace énfasis en sus conceptos más polémicos como el de “guerra total”. La experiencia de este tipo de guerra en las dos conflagraciones mundiales ha teñido con un manto oscuro una idea con la que Clausewitz no pretendía sugerir la necesidad de una guerra global y arrasadora.

Por otro lado, se revisó su idea de la participación de la población en la guerra, sobre todo en un contexto de armas nucleares. Este empleo de las armas nucleares también podría redefinir el concepto de la guerra como expresión de la política. Si la política en su máxima expresión, la guerra, puede conducir a la aniquilación total, se hace necesario poner el acento en la disuasión.

 

¿Qué críticas contemporáneas se han hecho a las teorías de Clausewitz?

Varias han sido las críticas a Clausewitz. Por un lado, el concebir la guerra como el “encuentro”, es decir, como el combate o la batalla, ha sido objeto de muchas críticas. A este respecto, el teórico Liddell Hart achacaba a esta idea la carnicería de la Primera Guerra Mundial. Lanzar a masas contra masas no podía sino llevar a esos niveles de destrucción. Por tanto, cierta escuela crítica de Clausewitz ha puesto en valor conceptos como el de la aproximación indirecta o la efectividad de quebrar moralmente al enemigo en lugar de destruirlo, como preconizaba Clausewitz.

Con el inicio de la era atómica en 1945 se pensó que la doctrina de Clausewitz debía ser redefinida dado que el peligro de la destrucción total obligaba a repensar conceptos como el de “guerra total” o la movilización de todo el poder nacional. Sin embargo, al buscar las potencias nucleares evitar un conflicto directo, han aparecido guerras convencionales en terceros países donde sí pueden ser efectivas las ideas de Clausewitz.

En la actualidad, en el contexto de las “guerras híbridas” los postulados de Clausewitz son considerados todavía válidos por muchos analistas y militares. Pues en algunas de las fases de las guerras híbridas la población ha de estar involucrada o realizarse algún formato de guerra asimétrica que requiera de la población.

Liddell Hart también puso en duda la importancia del elemento cuantitativo en Clausewitz. Recordemos que para el militar prusiano la superioridad numérica era siempre decisiva y si no contamos con dicha superioridad de manera absoluta debemos concentrar las fuerzas en un punto para obtener la superioridad relativa. Teóricos como Liddell Hart, por ejemplo, preconizaba la superioridad del “elemento cualitativo”, es decir, de la tecnología.

 

¿Qué aspectos de la obra de Clausewitz son considerados obsoletos y cuáles siguen siendo relevantes hoy en día?

Podríamos juzgar como obsoletas algunas de las tácticas ofrecidas por Clausewitz, sobre todo en los libros V, VI y VII, donde se nos hace un exhaustivo repaso por los diferentes recursos al alcance del estratega y el táctico militar en una guerra decimonónica. Ideas como la de batalla decisiva y centro de gravedad han sido puestas en cuestión dada su dificultad para aplicarlas en un escenario contemporáneo de guerra industrial de desgaste.

Sin embargo, ideas como la de la naturaleza política de la guerra y la conveniencia de contar con la población siguen vigentes y existen ejemplos recientes de conflictos que las han puesto en valor.

 

María es una filóloga con una formación académica diversa y una especialización en lenguaje, discurso y comunicación. Graduada en Lengua y Literatura Española por la Universidad de La Rioja (2013-2017), destacó con una calificación sobresaliente de 9,025. Durante su carrera, participó en numerosos seminarios y cursos, como los Seminarios de Cine y Literatura Anglo-Americana y el curso de Escritura Creativa. Su tesis final, "Forensic Phonetics and Speaker lineups: theoretical and practical approach", muestra su interés por la fonética forense y los métodos de identificación de hablantes.

María continuó su formación con un Máster en Estudios del Discurso en la Universitat Pompeu Fabra (2017-2018), donde desarrolló su tesis "El packaging como discurso: el discurso de los packs de lácteos funcionales y naturales". Este trabajo analiza cómo el empaque de productos lácteos comunica y persuade al consumidor, explorando el empaque como una forma de discurso publicitario.

Además de su formación académica, María cuenta con certificaciones en gestión de comunidades y redacción de contenido, habilidades que le permiten crear y gestionar contenidos digitales de manera efectiva. Su conocimiento en lingüística, historia, lenguas clásicas, filosofía, geografía, arte, literatura y retórica complementa su capacidad para analizar y comunicar de manera precisa y persuasiva.

Su combinación de conocimientos teóricos y prácticos, junto con su experiencia en diversos campos, hace que María aporte una perspectiva rica y multifacética a cada resumen de obra literaria que realiza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Cuál es tu maxima cualificación para este resumen?
5/5
Facebook
Twitter
Pinterest
WhatsApp
Telegram