Resumen de «La ladrona de libros» de Markus Zusak

Resumen de "La ladrona de libros" de Markus Zusak
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Si conoces algo de la historia de La ladrona de libros, sabrás que es una novela emotiva y dura, pero que nos deja un bonito mensaje sobre la vida, la esperanza, la resistencia y la literatura.

Markus Zusak publicó este libro en 2005, y no tardó en empezar a cosechar éxitos en ventas y premios. En 2014 la novela volvió a ser la más vendida en pequeñas y grandes librerías al estilo de la Casa del Libro. Fue así por el estreno de la película, una gran adaptación que hizo resurgir el amor por esta historia contextualizada en la Alemania nazi. Otra edición que también fue muy apreciada por los lectores fue la que se hizo en el décimo aniversario, que es una edición ilustrada (no en formato cómic, pero con dibujos).

En este resumen y análisis de La ladrona de libros te contamos cuál es el argumento de la obra y también cuáles son los temas principales que trata. Entenderás así cuál es su valor y por qué tantos lectores cayeron rendidos ante esta obra.

 

La ladrona de libros: sinopsis

La ladrona de libros narra la historia de Liesel, una joven alemana a la que la muerte acompaña desde el principio hasta el final.

Tras ser dada en adopción por sus padres biológicos, Liesel comienza a vivir con Hans y Rosa Hubermann, un matrimonio que la acoge en su humilde casa y lucha por mantenerla a salvo. La valentía de esta pareja queda retratada de muchas maneras, como cuando deciden esconder a un judío en su sótano. Liesel observa esa humanidad de su familia adoptiva y la imita, convirtiéndose en una adolescente independiente y que desafía el sistema.

Una de las maneras que tiene de enfrentarse a los nazis es robar libros, entendiendo que la lectura, la escritura y, en definitiva, las palabras, tienen un gran poder. La cuestión es usarlas para el bien y no para el mal.

 

Resumen corto de La ladrona de libros

La ladrona de libros es una novela que narra la historia de Liesel, una niña que es adoptada por un matrimonio (Rosa y Hans Hubermann) justo antes de que estalle la Segunda Guerra Mundial. Desde ese primer momento, la vida de Liesel está marcada por la muerte.

Otra cosa que marca a Liesel es el robo de libros. El primero que roba es el Manual para sepultureros, que coge durante el entierro de su hermano pequeño, el cual muere justo antes de ser ella adoptada. Aunque no sabe leer, el libro se convierte en un acto de autoafirmación.

Una vez que llega a casa de los Hubermann y aprende a leer, los libros se convierten, además, en un medio para conectar con otras personas y para expresarse. No obstante, sigue robándolos o salvándolos de las quemas de libros como un modo de desafiar al sistema y declarar su independencia.

Cuando Liesel lleva ya un tiempo con Rosa y Hans y cada vez está más cómoda, ocurre algo que la hace madurar: sus padres adoptivos, en un acto de valentía y humanidad, esconden a un judío (Max) en su sótano. Con Max Liesel entabla una bonita relación de amistad en la que comparten momentos de lectura. Gracias a las conversaciones que mantienen, Liesel entiende mejor lo que están haciendo los nazis y cómo están sembrando el terror.

Un día, cuando los nazis hacen desfilar a prisioneros judíos que llevan a Dachau, Hans le da a uno de esos prisioneros un trozo de pan. Ese acto de generosidad es mucho más, pues supone desafiar al sistema y termina con Hans siendo golpeado y puesto bajo el punto de mira. La posibilidad de que vengan a por Hans hace que Max decida abandonar la casa de los Hubermann, pues sabe que todos corren peligro y que este será mayor si descubren que él ha estado escondido con la familia.

Al poco de que esto ocurra, los nazis vienen a reclutar para el ejército a varios hombres, entre ellos, a Hans. Por suerte, Hans termina regresando a los meses sano y salvo, solo con una pierna rota. Antes de que lo envíen a Múnich para seguir sirviendo al ejército, pero esta vez desde las oficinas, un bombardeo arrasa la calle donde viven Liesel, su familia y todos sus amigos.

Liesel es una de las únicas supervivientes, ya que cuando las bombas caen ella se encontraba en el sótano escribiendo y leyendo. Cuando consiguen rescatarla de entre los escombros, se da cuenta de que Hans y Rosa han muerto, y llora sobre sus cadáveres.

En el epílogo, descubrimos que Liesel murió muchos años más tarde y de vieja. Antes, cuando la guerra acabó, pudo reunirse con Max, que también consiguió salir vivo del terror nazi.

 

Resumen por capítulos de La ladrona de libros

La novela La ladrona de libros está dividida en diez secciones (más un preámbulo), por lo que en este resumen detallado vamos a acudir a estas partes.

Preámbulo de La ladrona de libros

En el preámbulo la Muerte se presenta como la narradora de la historia de la protagonista, Liesel. Esta joven, tal y como nos anuncia la Muerte, sobrevivirá a la Segunda Guerra Mundial, aunque será testigo del horror de esta.

Parte I

La novela empieza presentándonos a Liesel, una niña analfabeta de nueve años que viaja en tren con su madre y con su hermano pequeño. Su padre, nos enteramos, ha muerto a mano de los nazis. Su madre también está siendo perseguida y, además, no puede hacerse cargo de los dos niños, así que va a darlos en adopción. Tristemente, el pequeño no llega a completar el viaje, pues muere de frío y hambre.

Durante su entierro, Liesel ve que a uno de los sepultureros se le cae un libro y decide cogerlo, cometiendo su primer robo. El libro se titula Manual del Sepulturero y, dice la Muerte, parece casi una premonición del papel que jugará Liesel en la vida de sus seres queridos.

Finalmente, Liesel es dada en adopción a Rosa y Hans Hubermann, un matrimonio que vive en un pequeño pueblo llamado Molching. Rosa es borde y desagradable con Liesel, aunque en realidad la quiere, según la Muerte. Hans se muestra mucho más cariñoso.

Liesel comienza a ir a la escuela y también es inscrita, como todas las niñas y jóvenes, en las Juventudes Hitlerianas. También, con ayuda de Hans, aprende a leer. No obstante, sus avances son lentos, por lo que el resto de niños se ríen de ella. El único que no participa en las burlas es Rudy, un niño de su barrio que pronto se enamora de ella. Liesel lo rechaza, pero Rudy le dice que algún día será ella la que quiera darle un beso.

En un salto temporal al pasado, algo que veremos que es común en la novela, la Muerte nos narra un episodio en el que el pequeño Rudy se disfraza de Jesse Owens, el corredor afroamericano. Su padre, militante del Partido Nazi más por supervivencia que por convicción, le regaña diciendo que no puede hacer eso, pues podría costarle la vida.

 

Parte II

Según avanza el tiempo, Liesel está cada vez más adaptada a su nueva vida. Han pasado varios meses desde que llegó a casa de los Hubermann. Como llegan las navidades, Liesel conoce a Hans Junior y Trudy, los hijos mayores de sus padres adoptivos. Estos le regalan dos libros (El perro Fausto y El faro), lo que la hace inmensamente feliz.

Liesel ayuda a Rosa en su trabajo, que es lavar la ropa de algunos de sus vecinos más ricos. La protagonista se encarga del reparto de la ropa sucia y limpia. Una de las clientes de Rosa es Frau Ilsa Hermann, la esposa del alcalde y una mujer que nunca le habla.

Escuchando a escondidas una conversación entre Hans y Rosa, Liesel se entera de que nadie sabe nada de su madre biológica y que podría estar muerta. Aun así, Liesel decide escribirle una carta, para la que nunca recibe respuesta. Escribe varias cartas más, pero no llega a enviarlas porque no hay dinero para hacerlo.

En un nuevo salto temporal, pero esta vez al futuro, se nos presenta a una Liesel de ya catorce años que está escribiendo en un libro. Hans está con ella y le confiese que estuvo a punto de mandarle una carta firmando como si fuese su madre.

De vuelta en el presente, nuestra narradora nos cuenta más sobre la ideología de la familia Hubermann. Hans padre no está a favor del nazismo, aunque su hijo sí es un acérrimo seguidor y, de hecho, echa en cara a su padre que sea desleal a la Alemania nazi. La Muerte nos anuncia que para Hans hijo esa lealtad extrema le llevará a la muerte durante una campaña militar en Europa del Este.

Ya en abril, durante el cumpleaños de Adolf Hitler, se organiza en el pueblo una quema de libros. Durante este acontecimiento, Liesel escucha gritos en contra de los judíos y los comunistas, y recuerda que su padre era comunista, entendiendo así que son los nazis los culpables de la muerte de su familia. Cuando comparte su desolación con Hans y expresa que odia a Hitler por haberse llevado a sus padres, este le abofetea y le pide que no vuelva a decir nada de eso en voz alta, y menos aún en público.

Antes de volver a casa, Liesel se acerca al montón de libros quemados y encuentra uno que se ha salvado de las llamas. A pesar del peligro, lo coge (cometiendo su segundo «robo»). El título de este libro es El hombre que se encogía de hombros. Liesel se da cuenta de que una persona ha visto lo que ha hecho: Frau Hermann.

 

Parte III

Liesel le confiesa a Hans que ha robado el libro, y este le dice que debe ser su secreto, pero que podrán leerlo por las noches. Luego, Hans acude a las oficinas del Partido Nazi (donde nunca lo van a aceptar por haber mostrado en algún momento su simpatía a los judíos) para comprarle un ejemplar de Mein Kampf a Liesel, de nuevo, por aparentar.

Cuando llega el momento de ir a casa de Frau Hermann con la ropa, Liesel está muy nerviosa, pues teme que ella le diga algo sobre el libro robado. Sin embargo, lo que ocurre es algo totalmente distinto. Fran Hermann (cuyo nombre es Ilsa) la invita a entrar en su casa y la conduce a la librería.

Durante el verano de 1940, Liesel sigue leyendo el libro secreto con Hans y también otros libros en la biblioteca de Ilsa. En una de estas visitas se entera de que la mujer perdió a su único hijo durante la Primera Guerra Mundial.

Por otro lado, la comida escasea cada vez más en casa de Liesel y de Rudy, por lo que ambos deciden unirse a un grupo de niños ladrones para robar manzanas y así llevar algo de alimento a sus hogares. El grupo está liderado por un tal Arthur. Los primeros robos son exitosos, pero un día intentan robar a un granjero que sale a atacarlos con un hacha. Rudy se queda enganchado en una de las vallas que rodean la propiedad, pero Liesel y Arthur logran salvarlo a tiempo.

En un nuevo salto, pero esta vez espacial, el narrador nos lleva a Stuttgart, donde nos presenta Max Vandenburg, un judío hambriento y escondido. Un amigo (Walter Kugler) le entrega un ejemplar de Mein Kampf en el que dentro hay unos documentos de identidad falsos, una llave y un mapa. Unos días después, ese mismo amigo le dice que lo envían al ejército, por lo que Max debe buscar otro lugar para esconderse. Le da un billete de tren y utensilios para que se afeite. Max, entonces, coge el tren y llega al pueblo de Molching. Se dirige a la casa de los Hubermann y entra gracias a la llave que también había dentro del libro.

 

Parte IV

La cuarta parte comienza con Max en la cocina de los Hubermann. Hans entra y lo ve para, luego, descubrirnos a los lectores de qué se conoce.

Durante la Primera Guerra Mundial, Hans luchó en el ejército alemán y allí conoció a un judío llamado Erik Vanderburg, que le enseñó a tocar el acordeón. Además de eso, también le salvó la vida, pues Erik propuso a Hans para escribir las cartas del capitán y librarse así del campo de batalla. Cuando regresó de la guerra, Hans se enteró de que Erik tenía familia y un hijo pequeño (Max) y les prometió que, cuando lo necesitasen, él los ayudaría.

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A pesar de que la suerte parecía sonreírle y tenía clientes como pintor, Hans enseguida empezó a perder a esos clientes cuando estos se enteraron de que no estaba afiliado al Partido Nazi. Finalmente, solicitó entrar, pero sus esperanzas de ser aceptado se acabaron cuando todo el mundo vio cómo ayudó a un judío a pintar la puerta de su establecimiento, que había sido vandalizada. Desde ese momento ha sido repudiado por los nazis, que lo tienen bajo su punto de mira. No obstante, no encuentran nada para encarcelarlo y, además, Hans sigue siendo muy querido por sus vecinos, que adoran cuando le oyen tocar el acordeón.

Años después, en 1939, Hans se encuentra por la calle con un desconocido que se le presenta como Walter Kugler (el amigo de Max) y que le pregunta si es un hombre de palabra.

De nuevo en la cocina, Max y Hans conversan cuando Liesel se levanta y los ve. Hans le pide que se vaya a la cama.

En un nuevo flashback, conocemos mejor la historia de Max. Se crio en una familia de pocos recursos, especialmente después de que su padre muriese en la guerra cuando él solo tenía nueve años. Durante su infancia y adolescencia se hizo conocido por ser un gran luchador. Es una de estas peleas que conoció a Walter, que fue quien le ofreció un primer escondite tras la Noche de los Cristales Rotos. Antes de dejar a su madre atrás (sin quedarle otro remedio), esta le da a Max la dirección de los Hubermann. Tras estar escondido dos años en un almacén y después de que Walter entrase en contacto con Hans, Max emprende al camino a casa de aquel hombre al que su padre salvó la vida y siempre dijo deberle un favor.

Cuando Rosa ve a Max, Liesel detecta su preocupación, pero eso no le impide darle de comer.

Al día siguiente, Hans habla con Liesel y le explica que no puede hablar a nadie de Max, pues podría condenarles a todos.

Esconden a Max en el sótano, donde Liesel a veces le baja la comida. Allí hace mucho frío y Max termina enfermando, por lo que Hans decide trasladarlo arriba (por supuesto, tomando precauciones para que no sea descubierto).

Rosa, por su parte, ha aceptado la situación con coraje.

Llegan de nuevo las navidades y Trudy acude de visita a casa de sus padres. El que no va es Hans hijo.

Max y Liesel terminan congeniando. Ambos comparte el amor por la lectura y también un pasado traumático en el que tuvieron que despedirse forzosamente de sus familias.

Para el cumpleaños de Liesel, los Hubermann le regalan un libro y Max decide hacerle algo aún más especial: le escribe uno. Lo hace sobre las páginas (previamente blanqueadas) de Mein Kampf. Cuando la obra está lista, Max se lo deja a Liesel sobre la almohada. La protagonista lee con emoción ese nuevo libro, titulado El vigilante, en el que Max va describiendo a los diferentes vigilantes de sus sueños. Uno de esos vigilantes es Liesel, a la que, escribe, considera una amiga.

 

Parte V

En la quinta parte del libro, Liesel y Max profundizan en su amistad.

La guerra avanza y también la pobreza. Rosa se queda sin sus clientes, y Liesel cree que el hecho de que Ilsa, la mujer del alcalde, sea una de esas clientas que se ha ido es por su culpa. Una tarde, después de estar leyendo en su casa (como era ya una costumbre), Ilsa le ofreció a Liesel que se llevase un libro, pero la protagonista, sin saber muy bien por qué, le tiró el libro y le dijo que no, que ella no era su hija y que debía superar la muerte del suyo.

Por su parte, Rudy, ha tenido problemas dentro de las Juventudes Hitlerianas, ya que no acepta el poder de su jefe tirano, que lo maltrata y, además, les hace robar para luego no darles nada. Liesel, como venganza y como apoyo a su amigo, decide llevar a Rudy a robar. Le dice que cogerán comida, pero en realidad lo lleva a casa del alcalde para robar un libro. Es entonces cuando Rudy la llama por primera vez «ladrona de libros».

La situación de Rudy en las Juventudes no mejora, pues sigue manteniendo una actitud desafiante. Esto hace que le humillen y le den varias palizas. Un día, Rudy decide dejar de ir a las reuniones, a pesar del riesgo que eso conlleva. No obstante, para evitar represalias y recibir solo una multa, se une a la División Flieger, un grupo juvenil de aviación que construye de maquetas de aviones.

 

Parte VI

Esta sexta parte comienza con un aviso de la Muerte: en el año 1942 tuvo que trabajar mucho.

De vuelta al presente de Liesel, nos encontramos en las navidades de 1941. Para celebrarlo, Liesel baja nieve al sótano y, junto a Max, juegan con ella y construyen un muñeco de nieve.

Poco después, en febrero de 1942, Max enferma gravemente y ni ser trasladado de nuevo al dormitorio de Liesel, donde hace más calor, parece hacerle mejorar. La protagonista le lee y le lleva regalos para intentar que se recupere, aunque tiene por éxito. La Muerte nos explica que estuvo en la habitación preparada para llevarse el alma de Max, pero que decidió que aún no era el momento.

Liesel y Rudy vuelven a robar en casa de Ilsa. En esta ocasión, se llevan un libro rojo titulado El repartidor de sueños. La Muerte deja caer que las ventanas de la biblioteca del alcalde se mantienen abiertas porque Ilsa así las deja para que Liesel pueda entrar.

Aunque Rosa y Hans ya están pensando qué hacer con el cadáver de Max en caso de que este muera, el judío se recupera milagrosamente. No obstante, nos alerta la Muerte, la tranquilidad y la ausencia de dolor no tardarán en desaparecer. Las bombas llegarán.

Una tarde, mientras juega en la calle, Liesel ve que varios miembros del partido están yendo casa por casa para inspeccionar los sótanos, pues están buscando posibles refugios antiaéreos. Para poder avisar a sus padres sin levantar sospechosas, Liesel hace que se lastima y consigue que Rudy vaya a buscar a Hans. Así, Liesel consigue avisarle ante el orgullo de su padre adoptivo, que la felicita por su inteligencia.

Sin embargo, y a pesar del olvido, Rosa y Hans no tienen tiempo suficiente para sacar a Max del sótano. Cuando llega uno de los vigilantes y baja al sótano, la familia intenta mantener la tranquilidad. El hombre no encuentra nada. Cuando se va, Rosa, Hans y Liesel encuentrn a Max escondido entre las sábanas y armado con unas tijeras, por si las hubiese necesitado.

 

Parte VII

Molching se prepara para los bombardeos, algo que, dentro de lo malo, le viene bien a Hans, ya que muchas familias le piden que pinte sus casas de negro para que pasen desapercibidas.

En un nuevo robo a la casa de Ilsa, Liesel se lleva un libro titulado Una canción en la oscuridad. La siguiente vez que va se encuentra un libro esperándole en la ventana. Cuando se va, mira hacia atrás y ve a Ilsa saludándole desde otra de las ventanas. Ya en casa, Liesen abre el libro y encuentra una carta de Ilsa, en la que le dice que puede entrar por la puerta, como siembre ha hecho.

Un día, suena la primera alarma bombardeo, Liesel, Hans y Rosa se refugian en un sótano (en el suyo permanece Max, ya que no es demasiado profundo y, por lo tanto, ha sido descartado como refugio antiaéreo). Cada vez que va al refugio, Liesel se lleva sus objetos más preciados: sus libros. Durante este episodio la Muerte se compadece de estas personas aterradas, pero también reflexiona sobre cuántas han apoyado a los nazis y también sobre todos los muertos que están dejando las cámaras de gas.

Al final, esa alarma fue falsa y no cayeron bombas, pero el primer bombardeo no tardaría en llegar. Durante este, todo el mundo está más nervioso en el refugio, pero logran tranquilizarse gracias a Liesel, que les lee en voz alta uno de sus libros.

Un día, varios convoyes de prisioneros de guerra judíos llegan a Moching. Los soldados nazis, para humillar aún más a esas personas, los hacen pasear por el pueblo antes de continuar su viaje hacia el campo de trabajo de Dachau. Liesel, Rudy y Hans observan la escena. En un momento dado, un judío se cae y un soldado lo amenaza para que se levante. Entre la multitud, sale Hans, que le ofrece un trozo de pan al judío. Como respuesta, el soldado lo azota. El resto de vecinos miran con sorpresa. Algunos de ellos, luego, evitarán a Hans, otros lo ayudarán en secreto.

Al haberse puesto Hans bajo el punto de mira de los nazis, Max sabe que debe irse de su casa, pues pueden ir a por él en cualquier momento y, en el registro, encontrar al judío escondido. Esa misma noche, Max deja una nota que dice «Ya habéis hecho bastante» y un regalo para Liesel (que sus padres deberán entregarle cuando esté preparada). Luego, se va.

Aunque tardan en llegar, tres semanas más tarde del incidente del pan, la Gestapo llega al pueblo. Hans sale de su casa para esperarlos, pero pasan de largo. No lo entiende y les grita que es a él a quien buscan. Los de la Gestapo comprueban su lista y le dicen que no, que él es demasiado viejo para lo que buscan. A quien buscan es a Rudy.

 

Parte VIII

Rudy escucha como sus padres hablan con los agentes de la Gestapo. Como Rudy ganó tres medallas en las competiciones de las Juventudes Hitlerianas, sus capacidades llamaron la atención y quieren que ingrese en una escuela militar especial.

En casa de Liesel, Hans no deja de darle vueltas a lo ocurrido y se siente culpable de que Max tuviese que huir para nada, pues nadie acudió a buscarlos. Sorprendentemente, además, recibe una carta de que han aprobado su entrada al Partido nazi. Hans teme que esto no sean buenas noticias, y no lo son. Dos días después recibe una nueva misiva, esta vez ordenándole a formar parte del ejército nazi e ir a la guerra. El padre de Rudy también es reclutado. Ambas familias están devastadas.

Hans no es enviado al campo de batalla, sino a una unidad especial de bomberos que debe encargarse de los rescates tras los bombardeos. Mientras, deben permanecer a la intemperie, un castigo para todos los que están allí, que han cometido delitos a ojos de los nazis. Es un trabajo duro, sobre todo porque son testigos de la muerte a cada paso.

El tiempo pasa en Moching y Liesel no hace más que pensar en Max y Hans. Cada vez que llegan judíos a los que los soldados hacen pasear por el pueblo, Liesel se queda para ver si Max está entre ellos. En una de esas ocasiones, junto a Rudy, deciden echar pan por el suelo para que, cuando pasen los judíos, puedan cogerlo. Un soldado los ve y consigue atraparlos cuando los niños echan a correr. Por suerte, solo le da una patada a Liesel y no hay más castigos.

Un día, Rosa le entrega a Liesel el regalo que Max dejó para ella: un cuaderno de dibujos hechos por él, entre los que se incluye también una fábula sobre el poder de las palabras y cómo Adolf Hitler las estaba resignificando y usando para convencer y atacar. Por suerte, en el cuento había una protagonista con un gran poder que se encarga de hacer que las personas recuperen sus palabras y puedan tenerlas, no solo escucharlas.

 

Parte IX

Liesel y Rudy vuelven a casa de Ilsa a robar un libro. Allí se encuentran con que la mujer les ha dejado un plato con galletas. Antes de irse se la encuentran y Liesel entiende por fin que la biblioteca no es de su marido, sino suya.

Rosa espera el regreso de su marido algún día, mirando alicaída su acordeón.

En la unidad, Hans se enemista con un tal Zucker. Un día, mientras viajaban en el convoy, Zuker le ordena a Hans que le cambie el sitio. Este acepta. Al poco rato el convoy sufre un pinchazo en la rueda delantera y tienen un accidente. Hans solo se fractura una pierna. Zucker es el único que muere. El sargento que atiende a Hans le dice que lo mandará a Múnich para que trabaje en una oficina y no es un lugar tan peligroso. Lo hace porque sabe que es un buen hombre.

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A continuación, Rosa y Liesel reciben una carta anunciando que Hans regresará a casa durante una semana antes de ir a Múnich. Del que no se sabe nada es del padre de Rudy. Esta situación enrabia cada vez más al joven.

Los bombardeos persisten y la gente cada vez está más acostumbrados a ellos y a la muerte.

 

Parte X

Es abril de 1943 y Hans está en casa temporalmente antes de irse a Múnich a trabajar.

En Molching continúan los desfiles de judíos. La Muerte prevé que hasta agosto Max no estará entre ellos. Comenta también que los alemanes estaban recibiendo aquello que ellos estaban dando: muerte.

Llega agosto y, efectivamente, Max está entre los judíos que desfilan ante el pueblo. Liesel sale corriendo hacia él y empieza a recitarle fragmentos que se sabe de memoria de aquella fábula que él le escribió. Todos la escuchan durante un momento hasta que unos soldados consiguen cogerla y sacarla de entre los judíos. Tanto Liesel como Max son azotados. Lo que le duele a Liesel, sin embargo, no son los golpes, sino ver como Max se aleja con el resto del grupo.

Tras varios días en la cama llena de tristeza, Liesel le pide a Rudy dar un paseo. Allí le cuenta todo sobre Max y también le confiesa que hablaron de él. Liesel se da así cuenta de que ella también está enamorado de Rudy.

Para alegrar un poco su día, Liesel decide ir a casa de Ilsa y se pone a leer. Sus pensamientos, en cambio, divagan sobre la crueldad del mundo y sobre cómo personas como Max o el padre de Rudy es mejor que mueran, pues un mundo así no los merece. Su rabia crece y termina rompiendo uno de los libros de Ilsa. Arrepentida por haberlo pagado con el libro, Liesel escribe una carta a Ilsa en la que se disculpa y le dice que se autocastiga y que no volverá a ir a su casa.

A los pocos días, Ilsa es la que va a casa de Liesel y le dice que no se autoflagele, como ella hizo tras la muerte de su hijo. Además, le da un libro en blanco para que escriba. Esa misma noche Liesel comienza a escribir una obra titulada La ladrona de libros, en la que narra su historia.

En octubre, Liesel ya casi ha acabado su historia, que ha dividido en diez partes, y está releyéndolo en el sótano. Es entonces cuando caen bombas sobre la calle donde están su casa y las de tantas personas que conoce.

La Muerte relata cómo ese bombardeo acabó con la vida de muchas personas mientras dormían, pues no recibieron a tiempo la alerta de las sirenas.

Cuando Liesel sale del sótano con ayuda de unos hombres de la LSE se encuentra con todo devastado. En sus manos, mientras llora y cae derrumbada ante el terror, Liesel sujeta su libro.

Liesel pasea entre los escombros, recupera el acordeón de Hans y, cuando tropieza con el cadáver de Rudy, le da el beso que nunca se dieron y siempre quisieron darse. Luego ve los cuerpos de Rosa y Hans, ante los que llora y les agradece todo lo que han hecho por ella. Coloca el acordeón sobre su padre y lo imagina levantándose y tocando, como siempre hizo.

Finalmente, Liesel se despide y se deja llevar a otro lugar por los hombres de la LSE. Su libro, que se le ha caído, es arrojado a la basura, pero la Muerte lo rescata.

 

Epílogo

En un último salto temporal, la Muerte nos narra desde el futuro que Liesel ha fallecido en Australia a una edad avanzada y rodeada de sus hijos, nietos, marido y de las almas de Hans, Rosa, su hermano y Rudy.

Antes de acabar el libro, la Muerte regresa al presente para contarnos qué ocurrió tras el bombardeo. Ilsa y el alcalde se llevaron a Liesel a su casa, pero esta se negó a lavarse y desprenderse de la suciedad de los bombardeos. Tras los funerales recibió la visita del padre de Rudy, que había vuelto sano y salvo de la guerra para encontrar a toda su familia muerta.

Tiempo después, el padre de Rudy volvió a abrir el que siempre había sido su negocio, una sastrería. Allí Liesel siempre estuvo acompañándole y echándole una mano. Un buen día entró a la sastrería Max, que abrazó entre lágrimas a Liesel.

La Muerte cierra la novela con un recordatorio de aquello que ya nos dijo: ella ha visto lo peor, pero a veces se encuentra historias que le distraen de ese horror. Una de esas historias es la de La ladrona de libros. De nuevo en el futuro, con Liesel en Australia, la Muerte va a buscar su alma y le muestra el libro que escribió. La Muerte ha guardado el libro todos esos años y lo ha leído varias veces. Liesel le pregunta si lo ha entendido, pero la Muerte le contesta que lo único que ella conoce es que las personas la acechan.

 

Personajes de La ladrona de libros

La ladrona de libros es una novela en la que aparecen, al menos mencionados, muchos personajes. En este análisis vamos a analizar a los principales.

Liesel

Nuestra principal protagonista es Liesel, una niña que se ve obligada a crecer rápidamente por los estragos de la guerra, el miedo de la dictadura nazi y la presencia de la muerte. En este sentido, su evolución nos recuerda a la de El cuarto de atrás en Las bicicletas son para el verano.

Liesel comienza la novela viendo morir a su hermano y siendo alejada de su familia biológica. En tiempo récord debe adaptarse a una vida nueva en la que, en un principio, se encuentra el rechazo de sus compañeros de escuela, las burlas y las dudas sobre su origen. Según avanza la historia, ella madura y empieza a comprender la realidad en la que debe vivir su juventud. Entiende que el secreto a veces es el único modo de sobrevivir.

Sin duda, su aprendizaje principal es el del poder de las palabras. A través de la lectura y la escritura, Liesel se expresa, y en ellas también se refugia.

 

La Muerte

La Muerte es la narradora de la historia y también un personaje principal, ya que está presente en prácticamente cada escena.

Acompaña a Liesel durante toda su infancia y juventud, y es la que impulsa, aunque de una manera trágica, su crecimiento. Desde una edad temprana, Liesel y la Muerte son compañeras de viaje, y así nos lo hace ver nuestra narradora.

Como personaje, por lo tanto, es omnipresente. Como narradora, la Muerte no se muestra como cruel, sino simplemente como un ente que tiene una labor y debe cumplir con ella (llevarse el alma de las personas que fallecen). Aunque es bastante objetiva en la narración de lo que hace e incluso nos va avisando de lo que ocurrirá, la Muerte denuncia lo que hicieron los nazis y el terror que causaron. Reflexiona así sobre la humanidad, sobre el bien y el mal.

 

Max

Max es el joven judío al que Liesel y sus padres acogen y esconden en su sótano. Su presencia implica tensión, pues si lo encontrasen quienes no deben, las consecuencias serían ineludibles y catastróficas.

Cuando llega al hogar de los Hubermann, Max se muestra como un hombre cuyo único objetivo es sobrevivir, pero que ya no sabe cómo vivir. Los nazis lo han deshumanizado, convirtiéndole en un peligro y obligándole a esconderse y, en definitiva, a no poder llevar una vida digna. No obstante, cuando Max y Liesel se conocen y entablan su bonita amistad, Max vuelve un poco en sí. Recupera parte de su ánimo, escribe, pinta y lee. A Liesel Max también le ayuda, pues ambos comparten la tristeza y la culpa por haber dejado atrás a su familia.

 

Hans Hubermann

Hans es el padre adoptivo de Liesel y se presenta como un hombre afable. Él es el prototipo de alemán que no dejó que las palabras de Hitler le convenciese y que, a pesar del miedo y el peligro, priorizó siempre sus valores.

Ayudó a los que necesitaban ser ayudados y educó a Liesel en esa misma ideología. Aunque, como es lógico, tomaba precauciones, lo hizo siempre desde la supervivencia y no desde el convencimiento o la resignación.

 

Rosa Hubermann

La madre adoptiva de Liesel al principio se muestra algo arisca con ella, pero pronto nos damos cuenta de que esa actitud es una mezcla de miedo, responsabilidad y protección. Sabe que Liesel, al ser hija de unos comunistas, correrá ciertos peligros si no la educa de forma estricta, de modo que la niña no pueda decir nada comprometido.

Es una mujer, en definitiva, muy valiente y que sabe gestionar las grandes crisis desde la humanidad, como queda demostrado cuando acepta a Max.

 

Rudy

Es el mejor amigo de Liesel y también su primer amor, aunque a la protagonista le cueste darse cuenta.

Es un niño impulsivo e irreflexivo, pero también valiente. A veces toma decisiones equivocadas, pero lo hace siempre desde la intención de hacer algo bueno por alguien o de enfrentarse a los malos (como al jefe de las Juventudes Hitlerianas).

 

Ilsa

Ilsa es quizá uno de los personajes más interesantes de la novela. Su presencia, sobre todo al principio, asusta un poco a Liesel y la mantiene intranquila, pues no sabe si la mujer del alcalde es buena o se chivará de sus robos de libros.

No tardamos en darnos cuenta de que Ilsa está del lado correcto. Comparte con Liesel su amor por la literatura y entiende el poder que tienen las palabras, por eso siempre favorece que la protagonista lea y aprenda.

 

De qué trata el libro La ladrona de libros: análisis de los temas de la novela

Si has leído nuestro resumen de La ladrona de libros, sabrás que los libros son uno de los grandes temas de la novela, junto a la muerte. A continuación, comentamos cuáles son el resto de esos temas, analizándolos con mayor profundidad.

 

Los libros y las palabras

Cuando comienza la novela, Liesel no sabe leer. No obstante, los libros, incluso antes de ser capaz de leerlos sola, se convierten en un medio para conectar con el resto. Por ejemplo, Hans le lee por las noches, Ilsa le presta su librería, Max le escribe historias… Las palabras, en consecuencia, obtienen un poder especial para la protagonista.

Esto, a su vez, le hace reflexionar sobre cómo las palabras pueden usarse de manera negativa. Por todos es sabido que uno de los grandes triunfos de Adolf Hitler fue el control del discurso y su capacidad de convencer a través de las palabras. No solo eso, sino que consideró peligrosas todas aquellas palabras que podían despertar la conciencia del resto, por eso ordenó la quema de tantos libros (eventos que son varias veces narrados en La ladrona de libros).

Liesel, por lo tanto, no es una ladrona de libros sin más, sino que esos robos que comete son en realidad salvaciones de palabras, que pueden generar violencia o combatirla. El momento clave para que Liesel entienda esto (y también los lectores) es cuando Ilsa le regala un libro en blanco. La protagonista termina de comprender que todo depende de la intención de quien usa esas palabras.

 

La muerte

Siempre omnipresente, incluso como narradora, la Muerte es un tema central y transversal en toda la novela.

La practicidad con la que la Muerte narra su trabajo nos hace entender lo que supuso la Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial: la normalización y la invisibilización de un gran número de muertos. La muerte era algo cotidiano que todo el mundo se veía obligado a aceptar, incluso bajo las condiciones más extremas.

 

El robo

Como hemos adelantado, en el caso de Liesel y los libros, el robo no es delito, sino un acto de subversión y de autoconocimiento.

El primer libro que la protagonista roba es el del enterrador que da sepultura a su hermano. Ese hurto es solo una manera de tener algo que le recuerde ese momento. No se trata tanto del libro en sí, sino del valor que tiene para ella. Sin duda, una bonita palabra de cómo un libro no es un objeto más, sino que forma parte de quien lo posee.

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Los siguientes libros que Liesel roba son pequeños desafíos al sistema nazi. No roba los libros, sino que los salva de ser quemados y de no ser leídos.

Es curioso cómo sigue robando libros, incluso cuando Ilsa se los ofrece. Vemos aquí aún más claramente cómo para Liesel el robo es independencia y autoafirmación, una manera de rebelarse y de salir de esa jaula que el resto han creado para ella. Esta visión del robo como desafío también lo vemos en Rudy cuando (muchas veces acompañado por Liesel) roba casas adineradas (o lo intenta) desde la rabia por todo lo que está ocurriendo.

 

El nazismo y la deshumanización del pueblo judío

Aunque durante la primera parte de la novela el nazismo es un ente omnipresente, pero no demasiado definido, llega un momento en el que lo que ocurrió queda mejor representado.

Al principio se sabe que hay un sistema dictatorial y se presenta la figura de Hitler y de su libro Mein Kampf. Sin embargo, no es hasta que aparece Max que entendemos el horror y las implicaciones de los crímenes nazis. Nos damos cuenta, además, a la vez que lo hace Liesel. No olvidemos que La ladrona de libros es una novela dirigida a un público adolescente, por lo que la mirada de la protagonista resulta incluso más reveladora.

La deshumanización se hace más evidente con los desfiles de judíos que se narran en la novela. Liesel es así aún más consciente de que la persecución nazi va mucho más allá de obligar a gente a esconderse. Percibe en esos desfiles cuál será el destino de todas esas personas, y sufre al verse en cierto modo obligada a deshumanizarlos también. No hacerlo y mostrar empatía por esas personas, es un riesgo, algo que puede comprobar cuando Hans sufre consecuencias por darle un trozo de pan a un judío.

La novela muestra, por lo tanto, esa doble deshumanización: la del judío y la del no judío, que se ve en el tener que renunciar a su humanidad (o al menos no mostrarla). La Muerte invita a esa reflexión en sus monólogos sobre cómo las personas pueden ser capaces de cosas tan buenas y cosas tan malas, de ser tan valientes y tan cobardes.

 

La valentía y la cobardía

La yuxtaposición entre ambas actitudes quedan representadas a través de los personajes de Hans y de su hijo biológico, que es ya mayor y es militante del Partido Nazi.

Hans hijo no entiende, y critica, que su padre no se haya afiliado ni defienda fervientemente la ideología nazi. Lo considera un cobarde por ello. Sin embargo, en un momento en que lo peligroso era rebelarse contra un sistema criminal, la valentía era plantar cara a los nazis, aunque solo fuese no afilándose o mostrando humanidad ante un judío. Es Hans hijo, por lo tanto, el cobarde, y como él lo fueron todos quienes se sometieron y callaron.

 

El tormento de haber sobrevivido

Aunque la muerte sea un tema principal, la novela también nos muestra lo que supone para algunos personajes haber sobrevivido y tener que lidiar con la certeza de que otros no lo hicieron. Lo vemos en Hans, que recuerda a su compañero Erik (padre de Max) o con Liesel que no puede, sino recordar a su hermano pequeño y, con el tiempo, entender que sus padres biológicos murieron y ella sigue viva. Lo mismo le ocurre a Max, que tuvo que abandonar a su familia.

Liesel es la perpetua superviviente, aquella que vio morir al resto y, aunque vive, debe hacerlo sabiendo que a quienes quiso son ya cadáveres.

 

Preguntas y respuestas sobre La ladrona de libros

Si quieres profundizar en la lectura de La ladrona de libros, no te pierdas esta sección en que contestamos las dudas más frecuentes y analizamos algunos puntos en concreto.

Trama y Contenido General

¿Cuál es el tema principal de La ladrona de libros?

El tema principal de La ladrona de libros es la muerte y el terror de la Alemania nazi, pero también las relaciones personales que se desarrollan en este contexto.

¿Por qué se llama La ladrona de libros?

El título hace referencia a los robos de libros de Liesel, que más que robos son rescates o simplemente su modo de acceder a la literatura.

¿Cómo comienza La ladrona de libros?

La ladrona de libros comienza con Liesel emprendiendo un viaje en tren con su hermano pequeño y su madre biológica, que va a dar a sus dos hijos en adopción. Es entonces cuando Liesel presencia la primera muerte, la de su hermanito.

¿Cómo termina el libro de La ladrona de libros?

La ladrona de libros termina con Liesel siendo adoptada por la Ilsa y su marido (el alcalde) después de que los Hubermann muera, como casi todo el pueblo, en un bombardeo. Después de este “final”, hay un salto temporal al futuro en el que se narra el reencuentro de la protagonista con Max, que sobrevivió al Holocausto.

Pregunta adicional: Analiza cómo la trama de La ladrona de libros refleja el contexto histórico en el que se desarrolla la historia.

Son muchas las formas en las que el autor Markus Zakus consigue reflejar el contexto histórico de la Alemania nazi y la Segunda Guerra Mundial durante la novela.

Por un lado, es fundamental el papel de la Muerte como narradora, que no solo adelanta acontecimientos como las muchas muertes que se sucederán, sino que comparte reflexiones sobre la violencia y la “ceguera” de gran parte de la sociedad ante lo que estaba pasando.

Por otro lado, Zakus crea un ambiente opresivo en cada descripción del ambiente. Logra transmitirnos también ese miedo y ese peligro, especialmente cuando llega Max o cuando Hans ayuda a los judíos. En este sentido, nos recuerda a El niño del pijama de rayas o a El diario de Anna Frank.

Personajes

¿Quién cuenta la historia de La ladrona de libros?

La narradora de La ladrona de libros es la Muerte. Cuenta la historia como una narradora en tercera persona y omnisciente. Conoce todo lo que ocurre y también todo lo que va a ocurrir. No obstante, al final nos damos cuenta de que la Muerte en realidad estaba relatando aquello que leyó en el libro de Liesel, por lo que indirectamente es Liesel la narradora.

¿Quién es la muerte en La ladrona de libros?

La Muerte es la narradora de la historia y también un personaje omnipresente, ya que está presente desde el comienzo hasta el final.

¿Cuántos años tiene la protagonista de La ladrona de libros?

Cuando comienza la novela (1939) Liesel tiene unos nueve años, pero cuando acaba (1943) Liesel tiene trece.

¿Quién era el mejor amigo de “la ladrona de libros”?

Liesel, “la ladrona de libros”, tiene dos mejores amigos en la novela. Uno es Rudy, compañero de clase, gran amigo y también primer amor, y Max, el joven judío que esconden en su casa.

¿Qué pasa con Rudy en La ladrona de libros?

Rudy, al final de La ladrona de libros, muere en el bombardeo que asola la calle donde vivían casi todos los personajes.

Pregunta adicional: Discute cómo los personajes principales de La ladrona de libros contribuyen al desarrollo de los temas centrales de la obra.

Como es lógico, sin personajes no hay novela y tampoco argumento. En cuanto a cómo cada uno de los personajes principales contribuyen a este argumento, podríamos decir que principalmente lo hacen a través de las relaciones interpersonales que establecen.

Sin estas relaciones sería imposible mostrar la humanidad en la guerra, un tema central en la novela. La ayuda y el cariño que se establecen entre personajes como Hans, Liesel o Max son los pilares para construir el argumento.

De manera más concreta, hay aspectos de los personajes, como el amor por la literatura de Liesel y Max, que sirven para reflejar la resistencia de la sociedad en tiempos tan oscuros.

Por supuesto, como narradora que es, las reflexiones y los episodios que la Muerte decide relatar son los que vertebran el argumento y el desarrollo de los acontecimientos.

 

Simbolismo y Temas

¿Qué obras famosas aparecen en La ladrona de libros?

Son varios los libros que Liesel roba y lee (o que, en su defecto, menciona). A excepción de Manual del sepulturero, El gran diccionario de definiciones y sinónimos (libros genéricos) y El árbol de las palabras (el libro que le escribe y le regala Max), el resto son obras famosas y reales. Estas son algunas

  • El hombre que se encogía de hombros
  • Mein Kampf
  • El vigilante
  • El hombre que silbaba
  • El repartidor de sueños
  • La última extranjera

¿Qué representan los libros en La ladrona de libros?

Los libros son un modo de expresión para Liesel, que a través de ellos aprende cuál es el poder de las palabras y cómo estas, cuando se usan bien, sirven para tranquilizar a la gente (como cuando lee durante los bombardeos) o para compartir momentos bellos.

Robando los libros, además, Liesel se autoafirma y resiste la censura nazi.

Pregunta adicional: Explica el simbolismo de los libros en la narrativa y cómo este simbolismo se relaciona con los temas de resistencia y esperanza.

Liesel roba los libros incluso cuando podría tenerlos pidiéndoselos a Ilsa. Si lo hace así es porque en la Alemania nazi leer era todo un acto de resistencia y rebelión, aún más si el acceso a los libros era a través del robo.

La protagonista, por lo tanto, utiliza los libros como un acto revolucionario y también de autoafirmación de su personalidad en un contexto opresivo. Leer empieza siendo un modo de recordar a su hermano, pero luego también se convierte en un medio para entablar una relación con Hans y Max o incluso con el resto de vecinos. Por ejemplo, cuando lee durante los bombardeos, los libros logran un nuevo simbolismo, el de la esperanza. Las bombas quedan lejos gracias a la voz de Liesel que les conduce a todos a mundos donde la esperanza es posible.

 

Estilo Narrativo y Punto de Vista

¿Cuál fue el primer libro de “la ladrona de libros”?

El primer libro que Liesel roba es Manual del sepulturero, el cual coge durante el entierro de su hermano pequeño.

¿Cuál es el tipo de narrador en La ladrona de libros?

En La ladrona de libros el narrador es en tercera persona y omnisciente, aunque en ocasiones (cuando la Muerte habla de sí misma y de a quién se lleva) pasa a ser en primera persona y protagonista.

¿Qué busca el narrador?

El narrador busca compartir la historia de “la ladrona de libros” como un canto a la esperanza.

¿Cómo se llama el narrador que observa?

El narrador observador, también llamado omnisciente, es aquel que relata los hechos sin participar en ello.

¿Qué cuenta el narrador protagonista?

El narrador protagonista relata los hechos participando en ellos.

Pregunta adicional: Analiza el uso de la Muerte como narrador en La ladrona de libros y cómo este punto de vista único afecta la narración de la historia.

Elegir la Muerte como narrador es un acierto. Por un lado, hace que la novela sea especial, hasta cierto punto incluso experimental, al usar un narrador tan singular. Por otro lado, su omnipresencia como narradora también existe como personaje, lo que da una perspectiva única al relato (especialmente en lo que respecta al tema de la mortalidad). Al ser un personaje tan “místico”, el tono de narración es filosófico, lo que ayuda a integrar reflexiones no solo sobre la muerte, sino también sobre la crueldad humana o la hipocresía.

 

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