Resumen del libro «Cartas a un Joven Poeta» de Rainer Maria Rilke

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Leer Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke es entrar en la mente de uno de los grandes escritores del siglo XX. Su éxito, incluso cuando no había campañas de marketing y Europa se encontraba en conflicto, fue notable desde el primer momento. Un éxito que sigue siendo palpable, ya que las obras rilkianas se consideran referentes dentro de la literatura y poesía universales.

Aunque no sean sus famosos poemas, en este resumen de Cartas a un joven poeta entenderás cuál era la filosofía de vida del autor y también lo que pensaba de temas literarios y espirituales como la crítica artística o el amor.

Resumen corto de Cartas a un joven poeta  de Rainer Maria Rilke

Cartas a un joven poeta es un epistolario formado por diez cartas que Rainer Maria Rilke envió a Franz Xavier Kappus, un joven poeta que requería su ayuda en el ámbito literario y también en el personal. Entre los temas que se tratan en estas misivas no solo está el de la creación literaria, sino también otros más espirituales como la soledad, la figura de Dios y la fe o el amor.

Para Rilke los mejores versos nacen de la soledad y de la capacidad que cada cual tiene para atravesar sus sentimientos. Ir con prisas y no tener paciencia solo hace que vivamos a medias y con miedo, no enfrentándonos a ellos (o haciéndolo incorrectamente). Rilke pone el ejemplo del amor. Cuando se es joven uno se entrega al amor de manera equivocada, buscando respuestas en lugar de disfrutando de las preguntas. Así solo se cae en convencionalismos y en relaciones sin profundidad.

Algo parecido ocurre en la escritura, tal y como Rilke reflexiona a lo largo de las diez cartas. Para ser un gran poeta se debe escribir con verdad y con preguntas, sin que el objetivo sea llegar cuanto antes a las respuestas. Rilke considera que para ello es importante e inevitable vivir en soledad. Esto permite observar la naturaleza y conectar con el mundo interior.

Resumen por capítulos de Cartas a un joven poeta  de Rainer Maria Rilke

Como su propio título deja entrever, Cartas a un joven poeta no está dividido en capítulos, sino en cartas. Por eso, para escribir un buen resumen de este libro, vamos a hacer una sinopsis detallada de cada una de estas misivas, donde el emisor (el autor Rilke) reflexiona de una manera bella sobre la poesía, el arte y otros temas.

Carta I

Rilke escribe esta primera carta como respuesta al joven Kappus, que se encontraba en la escuela militar y quería su opinión sobre unos poemas suyos. Rilke le contesta diciendo que no puede darle una respuesta o un análisis, estableciendo un debate sobre el trabajo del crítico literario, que considera insuficiente pues no consigue desvelar todos los misterios de una creación poética.

Le recomienda a Kappus que se quite la costumbre de preguntar, que no se deje llevar por lo que otros piensen de su obra y, sobre todo, que no modifique sus poemas de acuerdo a opiniones ajenas. Cualquier cambio debe salir del poeta. Le aconseja también que se permita sentir para poder escribir, que se fije en lo cotidiano y en sus recuerdos; si sus versos salen de su interior, no necesitará crítica alguna pues sabrá que son buenos.

Carta II

En su segunda carta Rilke insiste en que no cree que Kappus pueda sacar nada en claro de sus misivas. Aprovecha también para hablarle de la soledad, con la que encontrará respuestas, y la ironía, que debe aprender a usar a su favor cuando escriba. Antes de acabar, le aconseja que lea la obra de Jens Peter Jacobsen, una de sus mayores influencias y que está seguro también le resultará formadora y reveladora a Kappus. Al mismo tiempo, le recuerda que no debe leer demasiado, pues de lo contrario no terminará de encontrar su voz.

Carta III

Rilke contesta alegre a otra carta de Kappus en la que su discípulo le dice que, como le pidió, ha leído a Jacobsen. Sus reflexiones divagan y vuelven a llegar al tema de la crítica literaria, que sigue viendo como vacía y academicista. Rilke considera que la mejor forma de «juzgar» una obra es dejarse percibirla, solo así uno se enfrenta de verdad a lo que lee y lo que le hace sentir.

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Luego menciona a otro autor, Richard Dehmel, del que destaca cómo a veces sus poemas están llenos de pasión y otras veces carecen de profundidad. Rilke explica este fenómeno desde el sexo. Considera que Dehmel no ha madurado sexualmente, cuando eso ocurre el sexo deja de ser masculino para ser humano y esa pureza se traslada a la escritura.

Carta IV

Rilke, que escribe desde un pueblo alemán, le recomienda a Kappus que se fije en las cosas más simples de la naturaleza. Si lo hace, aunque no llegue a comprenderlas desde la razón, logrará entender sus sentimientos. A continuación, le habla sobre la paciencia. Rilke considera que hay que enamorarse de las preguntas en lugar de obcecarse en llegar a las respuestas a toda prisa.

Recuperando el tema del sexo, le dice a Kappus que lo viva desde su propia experiencia y habiendo vivido antes en soledad; si cae en convencionalismos no lo comprenderá en profundidad.

El siguiente tema que trata Rilke es el «crear». Considera que los hombres, igual que las mujeres, también pueden dar a luz, pero en vez de a bebés a creaciones que vengan desde su interior.

Al final de la carta Rilke aconseja a Kappus sobre un dilema que este tiene sobre su profesión. El joven poeta es militar y duda de si eso puede limitar el desarrollo de su vida íntima; Rilke le pide que espere y se asegure antes de tomar ninguna decisión.

Carta V

Rilke se encuentra en Roma, desde donde escribe esta quinta carta. Esto le sirve para reflexionar sobre el arte. Para él, que alabemos tanto las ruinas y la cultura romana solo refleja que la producción artística actual se queda corta. En cambio, Rilke es capaz de apreciar también la belleza de otros monumentos más modernos de la ciudad, como las fuentes de Roma. Finaliza expresando su deseo de leer más poemas de Kappus.

Carta VI

Rilke aprovecha que es Navidad y que Kappus se sentirá solo en la escuela militar para invitarle a que conecte con la soledad infantil. Desde ella será capaz de ver todo con la misma curiosidad con la que un niño se sorprende de las costumbres y rutinas adultas. Retoma también el tema de la profesión y le dice que debe entender que ese obstáculo con el que se encuentra (la vida militar) es el que muchas otras personas se encuentran de una manera u otra.

Para superarlo, le aconseja una vez más refugiarse en la soledad, así logrará conectar con la naturaleza y su interior y que su trabajo militar pase a un segundo plano. Por primera vez, el poeta saca el tema de Dios, que para él está en el porvenir, y la posibilidad de perder la fe. Une esta idea de nuevo con la soledad, recomendándole a Kappus que aproveche que está solo para reencontrarse con Dios.

Carta VII

En esta nueva carta Rilke le asegura a Kappus que los últimos versos que este le mandó son los mejores que ha escrito. De nuevo, habla de la soledad como algo necesario, por muy difícil que resulte atravesarla. Hablando de lo difícil, reflexiona sobre otras cosas que también lo son, como el amor, especialmente entre jóvenes. Para Rilke el amor de la juventud es un constante aprendizaje que se realiza en soledad y no en pareja. El no tener paciencia para entregarse al amor hace que se cometan errores y se caiga en convencionalismos.

A través de este tema Rilke llega al de la mujer y expresa que, según él, esta empezará a parecerse más al hombre, imitando sus modales como si fuesen disfraces. No obstante, cree que esta etapa será solo eso, una etapa para encontrar sus propias características y deshacerse de las influencias masculinas. El poeta reconoce que la mujer es superior y más madura, destacando su posibilidad de parir. Cree además que el momento en el que la mujer va a empezar a autodefinirse sin oposición al hombre está a punto de llegar, lo que supondrá un gran cambio en el amor.

Carta VIII

Rilke rescata una vez más su tema preferido: la soledad. La considera imprescindible para aceptar la tristeza, ese sentimiento que Kappus atraviesa. Por otro lado, le insta a reconocer que es un hombre solitario, aunque le dé vértigo que así sea. No hacerlo supondría no aceptar una experiencia y una opción, lo que solo le generaría dolor. Rilke cree que no hay que tener miedo, pues no somos personajes de Edgar Allan Poe encerrados en lugares terroríficos, sino que podemos salir, analizar nuestra tristeza y crecer.

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Carta IX

Rilke empieza la penúltima carta dudando sobre el valor que tienen todas ellas y si realmente le pueden servir de algo a Kappus. Luego, pasa a darle algunos consejos para gestionar el desequilibrio entre su vida exterior y la interior, incidiendo en que debe ser paciente.

Reflexiona después sobre los sentimientos puros, que para él son los que atraviesan la profundidad y la complejidad del ser, y los impuros, los que deforman nuestro ser pues solo nos toca parcialmente. Antes de acabar, Rilke dice que dudar puede ser una virtud si se utiliza correctamente para mejorar la capacidad crítica y la comprensión.

Carta X

En su última carta, Rilke se siente feliz por las novedades que Kappus le ha transmitido (como no tenemos ninguna de sus respuestas, no sabemos exactamente por qué) y le recuerda una vez más lo importante que es buscar la soledad incluso en lugares en los que no está solo. Así podrá educar la observación y la autonomía. Rilke considera que en cualquier carrera, incluida la militar, se puede estar cerca del arte, incluso más que en profesiones «pseudo artísticas» como el periodismo o la crítica literaria.

Por qué es interesante leer Cartas a un joven poeta  de Rainer Maria Rilke

Por el título habrá quién piense que Cartas a un joven poeta solo trata de literatura, pero este epistolario que recoge las cartas que el autor Rainer Maria Rilke envío a su discípulo y amigo Franz Xaver Kappus es mucho más. La filosofía y la espiritualidad se dan la mano también en estas misivas, donde Rilke reflexiona sobre temas humanos como el amor, la fe o la necesidad de buscar y encontrar respuestas.

Quizá el tratamiento tan puro, profundo, natural e intimista que hace estos temas es lo que convierte la obra es una lectura tan interesante. Con una escritura cercana (al fin y al cabo escribía a su amigo), Rilke consigue que sintamos que como lectores somos los receptores de sus epístolas.

Algunos de esos motivos sobre los que Rilke nos invita a reflexionar son los siguientes.

La paciencia en Cartas a un joven poeta

¿Por qué las prisas? No solo nos movemos con prisas, sino que vivimos con ellas. Para Rilke la falta de paciencia, el querer todo ya y no permitirnos analizar nuestros sentimientos, nos aboca al miedo y a evitar los problemas en lugar de a convivir con ellos. La gran lección que nos deja el autor en sus cartas es que solo enfrentándonos a ellos desde la tranquilidad y la seguridad de que pasarán, encontraremos su solución. Para ello es importante cultivar nuestra paciencia y llegar a la maduración interna y emocional con la que se nos presentarán las respuestas.

La soledad en Cartas a un joven poeta

Uno de los aspectos centrales en las cartas es la soledad. Desde la soledad es desde donde, según el autor, nacen las obras de arte. Además, añade que esta es también la única forma de juzgarla. Así, Rilke incluye una de las reflexiones más interesantes de Cartas a un joven poeta, el tema de la crítica literaria. Para el autor hacer una crítica de un poema desde el academicismo y la palabra es absurdo. La única manera de juzgar un poema o cualquier otra pieza artística es desde el sentimiento interior y no desde convencionalismos o presiones externas.

El amor en Cartas a un joven poeta

Otra de las reflexiones destacadas de Rilke en Cartas a un joven poeta es la del amor. En la actualidad achacamos las rupturas y los fracasos en relaciones a una falta de comunicación con la otra persona. Sin embargo, Rilke nos plantea, una vez más, que en realidad el fallo comunicativo es con nosotros mismos. No podemos estar en pareja si no sabemos estar solos, pues es desde ahí donde encontraremos las respuestas y la forma de entregarnos al amor al completo.

¿Quién escribió Cartas a un joven poeta? Todo sobre su autor: Rainer Maria Rilke

Rainer Maria Rilke fue un poeta nacido en Europa del Este (concretamente en Praga). Su comportamiento siempre reflexivo le permitió escribir historias inmersivas de éxito, como Elegías de DuinoCartas a un joven poeta, cuyo resumen acabas de leer. Se le reconoce como un símbolo de la literatura del siglo XX. De hecho, en este artículo de la Universidad de Concepción de Chile (puedes descargar aquí la versión en PDF), se compara la profundidad de Violeta Parra con la de Rilke, evidenciando la influencia que el poeta alemán ha tenido sobre artistas y escritores de otras épocas.

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Aunque, igual que Kappus, Rilke estuvo en la escuela militar, pronto la dejó para estudiar Historia del Arte e Historia de la literatura. Aunque en esa época era complicado, Rilke tuvo claro que se quería dedicar a la escritura, por lo que viajó por todo el mundo. Uno de los lugares que más le influyó fue el Imperio ruso, donde entró en contacto con el escritor León Tolstói, el autor de Guerra y Paz.

Tras instalarse en el pueblo alemán Worpswede, se casó con la escultora Clara Westhoff. Sin embargo, terminaron separándose, lo que llevó a Rilke a vivir en París y trabajar allí como secretario de August Rodin.

En 1916, durante la Primera Guerra Mundial, fue llamado a filas. Tras el conflicto, se marchó a vivir a Suiza, donde murió en 1922.

Además de poemas, es autor de obras en prosa, desde novelas hasta cuentos. Destacan especialmente Cartas a un joven poeta, Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (su única novela) y varias antologías y poéticas y de cuentos (por ejemplo, Libro de las horas Elegías de Duino).

Para quién está dirigido Cartas a un joven poeta  de Rainer Maria Rilke

No pienses que, por su contenido, Cartas a un joven poeta de Rilke solo interesa a escritores, estudiosos de la literatura o grandes lectores. La razón es que hay muchas enseñanzas y reflexiones que el poeta alemán recoge en estas cartas y que se pueden aplicar a muchos ámbitos de la vida, más allá de la creación artística.

Está claro que estas cartas se escribieron con un receptor muy concreto: Franz Xaver Kappus. Rilke no pensaba que las diez misivas se editarían y publicarían en 1929 tras su muerte, pero así fue. El que iba a ser un receptor único se convirtió en uno colectivo. Desde entonces, las cartas han conectado con lectores de todo el mundo.

Con sus cartas a Kappus, Rilke pretendía reflexionar con él sobre la creación literaria. El mensaje que nos llega al respecto es que escribir solo puede salir del interior de la persona, y para ello es necesario madurar, estar solo y transitar todas las emociones y sentimientos. De algún modo, igual que novelas como El principito de Antoine de Saint-Exupéry o El Alquimista de Paulo Coehlo, este epistolario se ha convertido en una suerte de canto a la vida y una filosofía.

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