Resumen de «Hábitos atómicos: Cambios pequeños, resultados extraordinarios» del autor James Clear

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«Hábitos atómicos» es el libro ideal si es que estás buscando una fórmula o una manera de superarte, mejorar y conseguir todo lo que te propongas. A menudo, las personas tendemos a arrastrar detrás nuestro toda una retahíla de rutinas que, la mayoría de las veces, no son tan saludables o aconsejables como pareciera. No eres el único que se ha propuesto todos los primeros de año empezar a hacer ejercicio físico o empezar a comer alimentos saludables.

“Nunca cambiarás tu vida hasta que cambies algo que haces a diario. El secreto de su éxito se encuentra en tu rutina diaria”. 

John C. Maxwell

Pero, ¿qué es lo que nos falla? ¿Por qué siempre tendemos a proponernos grandes objetivos y nunca llegan a concretarse? Todo ello se debe a un error muy común: la falta de hábitos y, sobre todo, de constancia. Es por eso que James Clear ha querido escribir este libro para desarrollar una guía donde poder seguir cuatro sencillos pasos que te harán sacar la mejor versión de ti.

 

 

Resumen por capítulos de “Hábitos atómicos”

 

Fue el propio autor el que, de forma súbita, se vio inmerso en una situación difícil tras sufrir un accidente que le hizo tener que empezar de cero. Gracias, o a consecuencia de ello, tuvo que plantearse las cosas desde el principio y pudo desarrollar toda una teoría sobre cómo crear grandes cambios en nuestra vida a través de hábitos que vayamos implementando en nuestro día a día.

Esto se puede aplicar tanto a nuestro plano personal, como también a un terreno profesional o emprendedor, lo que lo hace un libro muy versátil. Para poder entenderlo un poco mejor, vamos a hacer un resumen por capítulos en donde se podrán ver las cuatro leyes fundamentales que harán que nuestros hábitos se integren de forma efectiva en nuestra vida. Además, también nos da la clave de como, en el polo opuesto, nos libramos de una vez de los que nos hacen mal.

 

Principios fundamentales. Por qué los pequeños cambios generan una gran diferencia

 

A pesar de que el mayor peso del libro recae en la fórmula de las cuatro leyes para crear hábitos que propone James Clear, lo cierto es que buena parte de la teoría y de la propuesta del autor de «Hábitos atómicos» está en esta primera parte del libro, en la cual pretende introducir el término de «hábito atómico» para demostrar cómo los pequeños pasos traen grandes resultados.

En este sentido, hace un símil con el átomo para poder demostrar cómo, hasta una partícula tan pequeña, cuando se junta, se hace tan poderosa como para poder crear ese nivel de energía. Siguiendo por esta línea, nos pone el ejemplo de varias personas que, aunque a priori no parecían tenerlo todo a su favor, fueron capaces de lograr llegar lejos, gracias a su empeño por lograr pequeños escalones.

 

Fases en el camino al cambio

 

Pero, ¿cómo puedo identificar cuáles son estos hábitos y cómo sé si voy en el buen camino? La mayoría de las veces la gente acaba dejando de lado sus objetivos porque, al momento de empezar no ve resultado. Los hábitos tardan en dar sus frutos y solo se consiguen con constancia. En este sentido, Clear propone tres etapas para generar un cambio:

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  • Cambiar el resultado: consideras que algo de tu entorno necesita un cambio y te motiva ver los resultados.

 

  • Cambiar el proceso: estás queriendo lograr los resultados y te comprometes a establecer una rutina para lograrlo.

 

  • Cambiar la identidad: dejas de considerar que no eres capaz de hacerlo y te mentalizas para poder llegar a donde te propongas.

 

Lograr el bucle de los hábitos

 

Con toda esta teoría expuesta, James Clear entra en materia, introduciendo el término de «bucle de los hábitos». Como decíamos, los hábitos no ocurren de la noche a la mañana, sino que requieren de una rutina en la cual podamos integrar este nuevo comportamiento o actividad de forma total en nuestra vida. 

Para poder lograr este deseado bucle y hacer que todo lo que nos propongamos acabe siendo un ejercicio sencillo y cotidiano, Clear define hasta cuatro leyes que tienen que ver con señalizar el hábito que se quiere lograr, anhelarlo, buscar y desarrollar su respuesta y recibir una recompensa por ello.

 

Primera ley. Hacerlo obvio

 

La primera ley será, básicamente, lo primero que nos debemos plantear. Esto quiere decir, la señal o estímulo que nos impulsa a querer adquirir este nuevo hábito. En este punto se da mucha importancia la hora de formular de forma explícita qué se necesita o se quiere conseguir y se anima al lector a hacer una lista de todos los hábitos que ya tiene integrados para valorar si son buenos o malos y determinar desde qué punto se parte.

Ahora, con el ejercicio realizado, solo queda especificar y visualizar lo que se quiere lograr con argumentos realistas. Por ejemplo, si quieres descubrir qué tipo de escritor eres y quieres escribir tu primera novela, deberás diseñar un hábito que consiste, concretamente en: levantarte todos los días a las siete de la mañana, escribir en un diario una lluvia de ideas, crear al menos 10 páginas de contenido diario y terminar antes de la hora de comer.

 

Segunda ley. Hacerlo atractivo

 

Ya hemos podido visualizar y diseñar un plan para ese objetivo que queremos incorporar en nuestra vida en forma de hábito. Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho, como dice el refrán, y muchas veces es en este paso cuando la mayoría de la gente comienza a desmotivarse.

Siguiendo con el ejemplo, ¿qué es más placentero? ¿sentarte todos los días a escribir durante horas ideas desordenadas o ponerte a ver tu serie favorita? La respuesta parece clara pero es aquí donde radica la clave del éxito.Nuestro cerebro no puede sostener por mucho tiempo hábitos que son un suplicio y es por eso que debes lograr que estos sean atractivos.

En este caso, si nos premiamos con un capítulo de nuestra serie favorita después de haber escrito 10 páginas de nuestro próximo libro, seguro que nos sentamos con otra energía delante del ordenador.

 

Tercera ley. Hacerlo sencillo

 

Además de lograr que haya una satisfacción o premio a la hora de realizar un hábito nuevo, otro de los pasos infalibles es la simplificación del acto. Para esta ley, utilizaremos el ejemplo del gimnasio. Mucha gente se apunta todos los años al gimnasio de moda para poder comenzar a tener el hábito de hacer ejercicio. Lo haces un día, dos y hasta quizás varias semanas, pero, en algún punto, está la tentativa de dejarlo.

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Si tienes que ir a trabajar todos los días y, al llegar cansado, tienes que hacerte la bolsa del gym y caminar 20 minutos para llegar, terminando por volver a casa prácticamente a las diez de la noche con fatiga y ansiedad, lo más probable es que tu hábito saludable nunca llegue a internalizarse. Es necesario simplificar el comportamiento y hacerte más fácil su realización. Déjate, por ejemplo, la mochila preparada la noche anterior y la cena lista para llegar, busca un gimnasio a medio camino entre la oficina y tu casa o proponte un día a la semana hacer deporte a la luz natural del medio ambiente o el bosque. Esto hará que la rutina se acerque mucho más a la realidad.

 

Cuarta ley. Hacerlo satisfactorio

 

Esta cuarta ley es el paso final a la hora de lograr un hábito. Está claro que comenzar a ver los resultados es motivo de sobra para seguir con el hábito pero esta cuarta ley va más allá, ya que supone el resultado de haber logrado crear un hábito que, independientemente del resultado final, te produce una satisfacción.

Comenzar a ver cómo tu libro va cobrando forma o tu mente está mucho más activa, notar el subidón de endorfinas al salir de entrenar o comprobar lo bien que te sienta comer frutas como la manzana y té para desayunar hacen que, al día siguiente, quieras volver a por más.

 

Tácticas avanzadas. Cómo pasar de ser solamente bueno a ser verdaderamente grandioso

 

Como una especie de bonus tack dentro del aprendizaje de todas estas leyes de creación de hábitos, James Claer nos deja la clave no solamente para crear rutinas que perduren en el tiempo y nos hagan ser más felices y plenos, sino también para librarnos de aquellos comportamientos que nos hacen mal.

Si hemos recabado que los buenos hábitos se logran visualizando la rutina, nutriéndola con elementos anhelados, simplificándola y sintiéndonos satisfechos con ella, para dejar de hacer una rutina que nos hace mal como fumar, beber alcohol o abusar de grasas saturadas deberás hacer lo contrario; invisibilizar la rutina,entender que es poco placentera, llegar a ella de forma obstaculizada y llegar a entenderla como algo insatisfactorio.

 

Conclusión. El secreto para alcanzar resultados que duren

 

Para poder recapitular todo y a modo de conclusión, el autor de «Hábitos atómicos» nos reitera la información sobre la creación de hábitos y hace hincapié en la importancia del autoconocimiento. Poder saber cómo funcionamos nos ayudará a crear hábitos sostenibles y a librarte de lo que te hace mal. Se debe comprender que todo esto se hace como una inversión para poder mejorar y, de paso, transformarlo en algo atractivo.

Se trata de darle una vuelta de 360 grados a tu pensamiento y comenzar a integrar de forma premeditada y estratégica comportamientos que hagan bien. No tienen porqué ser grandes hitos inalcanzables, cada pequeño paso cuenta. Debes tener siempre como brújula el objetivo y, a partir de ahí, crear un sistema que funcione y te haga sentir realizado.

 

¿Por qué es interesante leer “Hábitos atómicos”?

 

El libro de «Hábitos atómicos» se ha convertido en todo un best seller que ha sido reconocido en radios, periódicos y demás medios. Su editor supo ver enseguida el enorme potencial que tenía la obra de James Clear, el cual lleva años escribiendo en su página web sobre normas sociales y comportamientos humanos para el desarrollo personal.

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Sin duda esta es su mayor proyecto y su promoción ha sido un éxito ya que a través de ejemplos e ilustraciones, logra tratar un tema que a todo el mundo le ha interesado alguna vez en su vida; cambiar la forma de actuar y trabajar para mejorarse y sentirse mejor.

Hay otros libros de autoayuda que también pretenden cambiar tu forma de pensar y cambiar la ley de nuestro interior como «El monje que vendió su ferrari» o «Cómo hacer que te pasen cosas buenas». Sin embargo, este libro tiene una fórmula muy concreta y precisa que ha fascinado a todos sus lectores.

 

¿Qué nos aporta la lectura de “Hábitos atómicos” de James Clear?

 

Muchas veces queremos cambiar de vida radicalmente y no sabemos cómo. Vemos una peli sobre samurais y anhelamos ese ritmo de vida estando en el caos de la ciudad. Sin embargo, a veces no hay que hacer un enorme cambio en tu vida para poder comenzar a sentirte mejor. Esta es precisamente la enseñanza que nos aporta el libro de «Hábitos atómicos».

Todo ello a través de una estructura muy bien definida que facilita la lectura y hace que se puedan entender los principales conceptos. Además, tiene una forma cercana de referirse al lector, pero le deja a él la responsabilidad de poder adaptarlo a sus necesidades, haciendo un texto muy versátil para todo tipo de interesado.

 

Cambia tu forma de vivir con “Hábitos atómicos” de James Clear

 

¿Te suenan los nombres de Jiddu Krishnamurti, Dermot Crowley, Federico Gamboa? Todos ellos precursores y expertos en su materia. Sin embargo, después de leer este libro te darás cuenta de que ninguno de ellos llegaron a donde están por ciencia infusa. La disciplina, los hábitos y la constancia fueron parte del proceso. Ocurre lo mismo dentro del mundo empresarial con la lista de Spanish Fortune 500; todo objetivo requiere de un compromiso y tiempo, y en «Hábitos atómicos» se deja más que claro.

“Siembra un pensamiento, cosecha una acción; Siembra una acción, cosecha un hábito; siembra un hábito, cosecha un personaje; siembra un personaje, cosechar un destino”.

Stephen Covey

Con pequeños cambios puedes lograr una revolución personal que te puede ayudar a llegar donde quieras. Todo reside en la constancia y en la creación de momentos que te resulten satisfactorios. Si quieres conectarte y estar en equilibrio contigo mismo, no es necesario que te conviertas en un experto del taoísmo o, si quieres montar un negocio, no tienes por qué haber ido a la universidad.

Cualquier proyecto que te propongas puedes lograrlo con pequeños cambios.

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